Un cupcake en el fondo no es más que una magdalena de toda la vida pero con costra de colorines. Y una vida enferma, por muy decorada que esté, es una vida enferma.
Este es el segundo espectáculo que veo de Abel Zamora y debo confesar que ha ganado muchísimos putos conmigo con este segundo. Y no es que el primero no me gustara, pero me dejó un poco bluf.
Pero ahora de lo que se trata es de hablar de "Yernos que aman", no de otras obras, así que... al lío.
SPOILER
Retrato de familia revenía y desestructurada en la que el poder lo tienen casi tanto las ausencias como las presencias. La ausencia del padre provocó que en su momento la madre huyera y ahora haya vuelto envuelta en ansias de cubrir las necesidades de todos menos las suyas propias. No deja de ofrecer un cafetito, o una mandarina, o un bocadillito, aunque no tengas hambre. Que no te falte de nada, que bastante te ha faltado hasta ahora. Esa Mamen García se siente culpable por no haber estado. La ausencia del padre queha marcado su vida. Y su deseo de amar, o de ser querida. Ausencia de auto estima es la que siempre ha tenido esa pobre María Maroto, carente de personalidad, amor propio, dignidad... aunque sea la única que tiene un hada madrina. Ausencia de escrúpulos de Juan Caballero, asqueroso hijoputa sin redención posible. Aunque igual la suya sólo sea una forma diferente de amar. O de calentarse. A saber. Claro que esa crueldad está bastante alejada del amor. O no. Ausencia de horizonte y de sentimientos la de Mentxu Romero, tiranizada, cabreada con el mundo menos con su ogro particular, ausente de humanidad y de sentimientos. Incapaz de llorar la muerte de su hermano. Ausencia la de Marta Belenguer. De respeto, de amor, de confianza, de humanidad. Incapaz de aceptar un fracaso, patea la pierna del ser al que culpabiliza de todos sus males, un ser indefenso y falto de dignidad, sí, pero más honrado. Ausencia gorda la de Abel Zamora. Él es el yerno y ha perdido a su amor. Se le ha muerto su enamorado, la razón de vivir. No soporta su ausencia, aunque su "presencia" sea... algo más que cruel.
El tremendo daño que provocan las ausencias en absolutamente todos los personajes no es nada comparado con el daño que provocan las presencias. Todos ellos tiene a alguien al lado o cerca que les destroza la vida y les hiere más que las ausencias torturadoras que cada uno sufre. Aunque sea "por amor".
Todos los actores están fantásticos. Cada uno con su registro y en su parcela están magistrales. Mención especial para Juan Caballero, un todoterreno que lo mismo te salta de un coche en el que recoge a una autoestopista a una pelu o a Génova y siempre parece que es su hábitat natural. Es acojonante la facilidad con la que cambia de registro este portento de actorazo. Por no hablar del mazazo que te provoca tras ese golpe en la mesa, cuando aparece su verdadero "yo". Bestial. David Matarín está pa comértelo, pero claro, tiene el papel bombón. A Mentxu Romero en cambio, la vuelvo a ver metida en unos vericuetos emocionales en los que no la veo cómoda. Se esfuerza por llorar, pero no es orgánico lo que le sale. Me temo que va tener que seguir buscando. Que quede claro que no cuestiono su inmensa capacidad como actriz, ni mucho menos, pero para mi gusto, los directores la meten en terrenos emocionalmente muy densos pero es como si la dejaran sin herramientas. La teoría esta clara, pero no termina de dar con los recursos para hacer de esos torbellinos algo realmente integrado.
Y el gran mago de toda la función es el autor, director y actor Abel Zamora. Claro, como es el que manda, se da el gusto de montarse su momentazo con banda sonora y coreografía. Olé. Y muy bien que hace, ya te digo, yo haría lo mismo. Se merece el momentazo por ser el artífice de que todo este embrollo que bordea el esperpento en todo momento, se quede ahí, justo en el límite del abismo. En el punto ideal para hacer de esta función un gustazo para TODOS los sentidos. Bravo, bravo y bravo. La única objeción que le pondría a su trabajo es que tiende a volverse un poco espeso en algunos momentos. Vamos a ver, estamos ante una familia casi "almodovariana", incluso con citas, referencias y golpes que quizá de forma un poco pretendida, mantienen este dramón en un punto de irrealidad interesante. Pero tiende sin embargo a volverse dramático y transcendente y ahí, al cambiar el registro, se diluye un pelín. Elegir el sitio desde el que se quieren contar las cosas es tan importante como las propias cosas que se quieren contar. Y dominar el cambio de registro sobre la marcha es muy, pero que muy jodido.Y mantener el interés durante casi dos horas con esa mezcla de tonos, registros, distancias, puntos de vista e incluso de estéticas... más jodido todavía.
Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
Mostrando entradas con la etiqueta Mamen García. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mamen García. Mostrar todas las entradas
miércoles, 2 de julio de 2014
sábado, 5 de abril de 2014
Éramos tres hermanas. Abadía
¡¡¡Ay... esos programas de mano... que los carga el diablo!!! Mira que os lo tengo dicho, que os cortéis un poco. Pues nada, aquí a ver quién es más humilde. Sanchís Sinisterra empieza intentando justificar el haber masacrado el texto de Chéjov. Lo primero es que nadie le ha pedido que lo justifique y silo hace será que se siente culpable. Y luego es que usa argumentos como que Picasso hizo lo mismo con "La meninas" o Bacon con el retrato de Inocencio X. ¡Toma ya humildad! Su segundo argumento es que esa "práctica dramática" como él la llama, esté justificada por el resultado. ¡Segundo ataque de humildad!
Y justamente el trabajo de Sanchís Sinisterra es para mi gusto el principal lastre que tiene la función. Vamos a ver, sí, me parece que como ejercicio de dramaturgia está muy bien, es muy interesante. Cambiar el orden de algunas cosas, las repeticiones de algunos textos, el intercambio de personajes. Vale, sí, muy chulo y muy interesante como ejercicio. Así como para un taller de "deconstrucción y reconstrucción de un clásico". Pero nada más. Me explico. Suponiendo que la historia hubiera avanzado y nos encontráramos con esas tres hermanas cuarenta años después... yo creo que no serían como son en esta obra. Son personajes que se quejan de lo mal que están pero que no hacen nada por cambiarlo. No soportan su vida pero no la cambian. Destino, inutilidad, vaguería, derrota, asunción. No sé. Pero no cambian nada. Así que si la historia hubiera seguido, ellas tres habrían seguido con sus vidas y ahora serían otra cosa, no tres locas atadas al pasado. Al menos no de esa forma. Son como la señora Havisham y su pastel de bodas incorrupto. O como la loca de los gatos. Y yo no veo así a los personajes de Chéjov. Así que no me creo que estas tres locas disfrazadas de Baby Jane Hudson sean Olga, Masha e Irina. Pues porque no.
Salvado este escollo lo que queda es un espectáculo elegantísimo, montado con mucho gusto, mucha delicadeza, con unas luces maravillosas, un vestuario fantástico y un espacio interesante. Quizá tenga un ritmo un poco machacón, pero claro, casi que lo va marcando el texto (el de Sanchís Sinisterra, digo) y algo ralentizado en su parte final. Fíjate, eso suele pasar con Chéjov. Es como que costara despedirse de él. Suele pasar. Al llegar a la parte final, todo se ralentiza demasiado, como si los directores no quisieran despedirse de él, de su texto maravilloso y de sus personajes. Claro que aquí, cuando en el minuto ocho ya sabes que te van a contar tal cual la obra de Chéjov, pierde el interés casi todo. Al menos en mi caso. Me sé la historia, sé lo que va a pasar, pero no me gusta lo que han hecho con el texto y con los personajes. Es como hacer "tres hermanas" con tres locas. No. Yo quiero a las hermanas de Chéjov. Así que sí, se me hizo larga.
Lo que es un gustazo, aparte de la embrujadora dirección escénica son las tres actrices. Insisto, yo creo que si los personajes originales hubieran crecido, no serían lo que vemos aquí. Es como si tres señoras de... cierta edad interpretaran a los personajes de Chéjov. Son ellas tres, sí, maravillosas, pero es que esos no son los personajes. Julieta Serrano es una Olga fascinante, sabia y con un abanico de recursos de mujer de teatro de toda la vida. Fabulosa. Mariana Cordero conoce perfectamente sus armas y las usa de forma prodigiosa. esa voz, esa mirada, esa fuerza y esa presencia poderosa son maravillosas. Aunque su Natasha me pareció básica y pobretona. Y luego mi gran descubrimiento. Mamen García. Soy mu catetorro y no la conocía y me pareció un prodigio. ¡Y encima canta! ¡Y canta que te cagas! Lógicamente es la más Baby Jane de las tres pero es la que despliega mayor variedad de recursos y de dominio de la escena. Tiene algo hipnótico que hace que no apartes la mirada de ella a pesar de tener al lado a esos dos fenómenos, cada una en su estilo.
Así que eso te cuento. Recital de tres monstruos dirigidas con elegancia y muy buen gusto pero en una obra para mi gusto, totalmente errónea.
Y justamente el trabajo de Sanchís Sinisterra es para mi gusto el principal lastre que tiene la función. Vamos a ver, sí, me parece que como ejercicio de dramaturgia está muy bien, es muy interesante. Cambiar el orden de algunas cosas, las repeticiones de algunos textos, el intercambio de personajes. Vale, sí, muy chulo y muy interesante como ejercicio. Así como para un taller de "deconstrucción y reconstrucción de un clásico". Pero nada más. Me explico. Suponiendo que la historia hubiera avanzado y nos encontráramos con esas tres hermanas cuarenta años después... yo creo que no serían como son en esta obra. Son personajes que se quejan de lo mal que están pero que no hacen nada por cambiarlo. No soportan su vida pero no la cambian. Destino, inutilidad, vaguería, derrota, asunción. No sé. Pero no cambian nada. Así que si la historia hubiera seguido, ellas tres habrían seguido con sus vidas y ahora serían otra cosa, no tres locas atadas al pasado. Al menos no de esa forma. Son como la señora Havisham y su pastel de bodas incorrupto. O como la loca de los gatos. Y yo no veo así a los personajes de Chéjov. Así que no me creo que estas tres locas disfrazadas de Baby Jane Hudson sean Olga, Masha e Irina. Pues porque no.
Salvado este escollo lo que queda es un espectáculo elegantísimo, montado con mucho gusto, mucha delicadeza, con unas luces maravillosas, un vestuario fantástico y un espacio interesante. Quizá tenga un ritmo un poco machacón, pero claro, casi que lo va marcando el texto (el de Sanchís Sinisterra, digo) y algo ralentizado en su parte final. Fíjate, eso suele pasar con Chéjov. Es como que costara despedirse de él. Suele pasar. Al llegar a la parte final, todo se ralentiza demasiado, como si los directores no quisieran despedirse de él, de su texto maravilloso y de sus personajes. Claro que aquí, cuando en el minuto ocho ya sabes que te van a contar tal cual la obra de Chéjov, pierde el interés casi todo. Al menos en mi caso. Me sé la historia, sé lo que va a pasar, pero no me gusta lo que han hecho con el texto y con los personajes. Es como hacer "tres hermanas" con tres locas. No. Yo quiero a las hermanas de Chéjov. Así que sí, se me hizo larga.
Lo que es un gustazo, aparte de la embrujadora dirección escénica son las tres actrices. Insisto, yo creo que si los personajes originales hubieran crecido, no serían lo que vemos aquí. Es como si tres señoras de... cierta edad interpretaran a los personajes de Chéjov. Son ellas tres, sí, maravillosas, pero es que esos no son los personajes. Julieta Serrano es una Olga fascinante, sabia y con un abanico de recursos de mujer de teatro de toda la vida. Fabulosa. Mariana Cordero conoce perfectamente sus armas y las usa de forma prodigiosa. esa voz, esa mirada, esa fuerza y esa presencia poderosa son maravillosas. Aunque su Natasha me pareció básica y pobretona. Y luego mi gran descubrimiento. Mamen García. Soy mu catetorro y no la conocía y me pareció un prodigio. ¡Y encima canta! ¡Y canta que te cagas! Lógicamente es la más Baby Jane de las tres pero es la que despliega mayor variedad de recursos y de dominio de la escena. Tiene algo hipnótico que hace que no apartes la mirada de ella a pesar de tener al lado a esos dos fenómenos, cada una en su estilo.
Así que eso te cuento. Recital de tres monstruos dirigidas con elegancia y muy buen gusto pero en una obra para mi gusto, totalmente errónea.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


