domingo, 18 de octubre de 2015

El burlador de Sevilla. Teatro Español

Te juro que flipo con que haya pateos, peña saliéndose de la función y ofensas varias. Vamos, te digo más. Yo iba casi esperando ver un festival de nabos y tetis y... menos el desnudo inicial y unas tetas por aquí y por allá... carne, lo que se dice carne como para ofender sensibilidades... ni por asomo. Si realmente hay gente que se sensibiliza por ver a Alex García en todo su esplendor y por ver unas tetas (absolutamente justificadas, además, pero bueno, aunque fuera gratuito) es que seguimos en la edad media. Se han visto mil millones de veces en un escenario pollas, culos, tetas, chichis y de todo. Escandalizarse por un rabo es tercermundista. Aunque claro, igual alguno se marchaba por el agravio comparativo, entonces... ahí no entro. Reconozco que ayer sábado no se salió ni dios, ni hubo pateo ni nada. Todo transcurrió con normalidad. Afortunadamente.
Pero a lo que voy, que es a lo realmente importante.
Yo no he visto muchos espectáculos de Darío Facal, la verdad, sólo "Invernadero", "Inside" y "Las amistades peligrosas". De estos tres montajes, sin duda me quedo con "Las amistades". Pero claro, eso es justamente lo malo.





Pienso, creo, opino que uno, cuando decide dirigir un proyecto, es porque el texto te provoca o te sugiere contarlo de una forma concreta, única y específica. Facal estudió, leyó o releyó el texto de Choderlos de Laclos y ese texto le provocó querer contarlo de una forma concreta. Ese texto concreto provocó esa decisión formal también concreta. Vale. Pero si ahora resulta que el texto de Tirso de Molina provoca la misma decisión formal... entonces a mí en particular, no me sirve. No me sirve porque es imposible que ambos textos provoquen lo mismo. Es imposible que al leer ambos textos, quieras contarlos desde el mismo sitio, usando los mismos recursos, cediendo a las mismas provocaciones. Con lo cual, si montas igual uno que otro, lo que parecía ser una opción y un punto de vista se convierte en un recurso, o en un autohomenaje, o en una opción estética. Si es una opción estética, es válida, por supuesto, pero entonces pierde todo el peso de la decisión inevitable y se vuelve buscada, artificial y premeditada. De hecho, ayer tuve todo le rato la sensación de que en cualquier momento iban a aparecer por ahí Carmen Conesa o Cristóbal Suarez.





Pero bueno, que estéticamente me resultara algo ya visto no hizo que se me cayera la función. Sólo que no se me levantara (ya, no es la frase más acertada para el comentario de este espectáculo, pero... es lo que hay). Además lo de que los actores estén en el escenario lo hemos visto hasta la saciedad y tanto eso como la música en directo, las guitarras eléctricas, la cámara de vídeo, etc... todos esos elementos "modernos" me resultan bastante de los noventa. También hay que decir que los micros a mí en concreto no me molestaban. Me molestaba más la desigualdad a la hora de enfrentarse al verso. Desde maestros como Eduardo Velasco a otros... que casi parecían sacados de un bareto de Lavapiés. Imperdonable no gozar con la belleza de la palabra. 
Si todo lo anterior fueran sólo opciones estéticas... igual hasta estarían bien siempre que sirvieran para ofrecer una visión única, especial y decidida del espectáculo y que ayudaran a transmitir esa sensación. Pero lo que consigue, al menos en mí es distanciamiento. No por la mezcla, no por las guitarras, no por los micros, no por las luces (no demasiado "dramáticas", un tanto sucias) sino porque anulaba cualquier intimidad y cercanía. De hecho, los momentos que más me estremecieron fueron la escena de las cerillas, la de la trenza y la cena. Justo cuando menos elementos había, cuando bajaba la luz y se creaba intimidad.

Todos esos inconvenientes ayudaron a que el texto no me enganchara. A ver, está claro que el texto es conocido y de una calidad incuestionable. Pero tanto distanciamiento lo que provocó en mí fue frialdad, y a la larga, cierto aburrimiento. Hubo momentos contados de emoción. Y yo si no me emociono en el teatro...





Los actores están todos bien. Bueno, Luis Hostalot se enganchó con el texto bastantes veces. Bastantes. Muchas. Y eso... Las actrices todas correctas, salvo Marta Nieto, que deslumbra bella y emocionante. Alex García da todo lo que tiene. Y por encima de todo y de todos está esa bestia escénica, ese ser que con poco da mucho, que habla por derecho, sonríe y se hiela el desierto, grita y se abre la Tierra. Eduardo Velasco sobresale por encima de todo y de todos. Presencia, peso, saber estar, saber moverse y saber hablar. Brutal dominio de todos los elementos escénicos. Un león escénico.      

En definitiva, un espectáculo ya visto, con muchos elementos anticuados, utilizados ya antes, con una frialdad peligrosa y que hizo que a mí me aburriera el entregado trabajo de los actores.              

lunes, 28 de septiembre de 2015

El arquitecto y el emperador de Asiria. Sala Max Aub.

Segunda colaboración entre el Teatro Español dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente y Fernando Arrabal. Que Arrabal es un autor que no me emociona especialmente creo que lo sabe todo el que me sigue. Nunca ha conectado conmigo. Dios me libre de criticar tu valor y su genio, faltaría más. Simplemente no me gusta, no me identifico ni con su humor, ni con su forma de escribir. No me llega y no me gusta. Como tampoco me gusta este texto. Y es una lástima y una pena porque seguro que me pierdo un universo fascinante, pero es así. Pero bueno, aparte de que no me guste su escatología, ni su humor, ni la forma de desarrollar los juegos tanto de personalidad como de poder e incluso de humillación, aparte de eso, lo que menos me gusta de este montaje es la labor de dirección.



No todos los textos que veo son fabulosos, ni por supuesto, me gustan. Aunque es algo primordial puede que incluso no sea un lastre si al menos está montado de forma inteligente o al menos, coherente y atractiva. Quiero decir que este texto evidentemente no me parece malo, simplemente no me llega, no me enamora, no me atrapa. Esto no sería un obstáculo si la puesta en escena fuera ocurrente, viva y llevara al espectáculo a un lugar atractivo e interesante. Para mi gusto no es así en este caso. Corina Fiorillo monta un espectáculo abigarrado y estridente que, al menos en mí provocó tanto desapego como paradójicamente, aburrimiento. 
La situación es clara. Las reglas del juego son estas: YO soy el único superviviente de un accidente aéreo. A partir de ahí, juguemos, creemos un universo, una sociedad para nosotros dos. Aunque desgraciada o fatalmente repitamos esquemas, no podamos huir del destino, intentemos odiar, tratemos de poner en orden nuestras relaciones maternas, paternas, amorosas, políticas, filosóficas y religiosas. Y en medio de esa maraña, dos personajes juegan a ver quién tiene más poder, quien manipula más y mejor y quién salda deudas con más implicación. Aunque sea mentira. Y ahí tienes a Fernando Albizu y al descomunal Alberto Jiménez derrochando energía y poder. Son dos monstruos escénicos que hacen de todo y todo lo hacen bien. Pero hacen lo que les han marcado desde dirección y por eso, pese a su descaro y valentía en todos los sentidos. Por eso Alberto Jiménez está en ese registro descomunal e hiperbólico que le recorta capacidad de acercamiento y curiosamente, de cercanía y de simpatía con el espectador. Está tan arriba tan arriba que solo puede desarrollar un arco pequeño, se queda sin color y sin margen de acción. Lo mismo sucede con Albizu y por eso ambos actores acaban derrochando recursos, capacidad y potencia pero de una forma tan estridente que resulta sucia y poco enriquecida. 
Sinceramente creo que el sitio que ha elegido Corina Fiorillo y el sitio donde se coloca, coloca a estos dos inmensos actores y nos coloca a nosotros es, para mi gusto, un sitio en el que se desaprovecha tanto el trabajazo y el potencial de los dos intérpretes como el juego que tiene el texto. Son un Carablanca y un Augusto con un juego de poderes y de tipos delante y ese juego casi rozando el burlesque queda cercenado por la velocidad (que no ritmo) y por el barullo que acaba provocando casi un desapego y una frialdad paradójicas. 



Lástima que el trabajazo inmenso de los dos actores y un texto que podría haber discurrido por otros derroteros, acabe siendo un espectáculo embarullado, hiperveloz, sin cambios profundos y contado desde un sitio que anula muchas de las capacidades que circulan por el ambiente y del que yo, al menos salí completamente frío y desapegado. 
Vamos a por la siguiente, porque pase lo que pase, seguimos siendo  #LosLocosDelEspañol        

jueves, 24 de septiembre de 2015

El ojo de la aguja. La pensión de las pulgas.

El mismo equipo que hace unos meses adaptó "Las amargas lágrimas de Petra Von Kant" para La casa de la portera repite fórmula en La pensión de las pulgas con esta adaptación de "La señorita Julia", seguramente la mejor o más conocida obra de Strindberg. Desgraciadamente, en mi opinión, el resultado de "Petra" dista bastante del resultado final de esta otra versión, "El ojo de la aguja". 



En primer lugar, el hecho de trasladar la acción a nuestros días tiene varios problemas. En primer lugar, la lucha de clases que existía en 1888 no tiene nada que ver con la de hoy en día. Y sin lucha de clases, te cargas media función. La distancia entre amo y criado no tiene nada que ver, hoy en día es más cercana, más salvable y si me apuras... casi puramente comercial. Nada que ver. Por otro lado los móviles, internet y la comunicación en general han cambiado la forma de relacionarse entre los humanos. Veo difícil que gran parte de los conflictos de "La señorita Julia" se pudieran dar en pleno siglo XXI. Y luego otra tontería mía: el lago Como era distinto entonces. En esa época sí era un sitio de vacaciones millonarias. Allí iban los ricachones, familias nobles adineradas que se podían pasar meses en una villa. Ahora mismo, el lago es un destino... más normal. Que sí, que es muy fino y eso, pero... ya no es un sitio exclusivo ni las familias se tiran meses y meses en una villa. El lago Como que describe Visconti no es el lago de ahora. 

Y en lo que tiene que ver directamente con la obra... también tengo unas cuantas pegas. 
Creo que la función que vemos es un primer acercamiento al texto. Para mi gusto y mi forma de entender esta función, le falta profundidad. Profundidad de análisis. Es como si lo que viéramos fuera lo que sacas de una primera lectura. Este texto, como todos los de Strindberg, tiene lo que yo entiendo como "muchas direcciones". Cada frase, cada palabra está elegida para provocar algo. Todas y cada una. No hay nada de relleno. Cada frase es concreta, quiere provocar algo en el otro y está lanzada en varias direcciones a la vez. Una va directa al oponente, pero hay unas cuantas direcciones más que están ocultas, soterradas. Esas son las capas y capas que circulan por debajo del texto, de las palabras y son lo que convierten este texto en pólvora emocional. Los personajes de mutilan, se destrozan, se aniquilan. A ver, esto es spoiler, así que... si alguien no sabe de qué va la función (que ya de por sí sería un delito) que no lea. 
A lo que voy; en la función, Juan consigue (o provoca) que la señorita acabe pegándose un tiro. Con lo cual, si el texto sólo provoca lo que "dice", es imposible que Julia se suicide. "Algo" tiene que provocar que Julia acabe aniquilada, sin salida. Ese "algo" son las bombas, las distintas direcciones hacia donde van las frases, las intenciones ocultas. Por eso incluso en determinadas frases, tendría que haber pausas de esas eternas en las que los personajes hacen algo que es lo que realmente provoca el cambio de tercio del otro. Hay cambios bruscos en el texto que si no nacen de una provocación gestual no tienen sentido. A eso me refiero con lo de las "direcciones" o capas del texto. Y lo que vi el otro día era una sola capa, la de arriba, la primera. 
Luego hay detalles rarunos, por ejemplo que ella se meta rayas. Se mete dos o tres al principio y luego otra bastante después. Pero claro, si Julia tiene una adicción, eso cambia totalmente su forma de actuar. Si es cocainómana quizá esa sea la causa de su desquicie. Con lo cual, adiós función. Y si no provoca nada especial en ella... es gratuito. Aunque puede que sea un detalle para ilustrar su "dependencia" general a las cosas y a los seres. Es dependiente de muchas cosas. Pero en ese caso es reiterativo, ilustrativo. Creo que sus dependencias son de otro tipo, son emocionales, de personalidad, mucho más de fondo que "adictivas".
No me gusta tampoco la progresión de los personajes. Juan está desde el principio con una actitud chulesca y retadora nada propia de un criado. Igual que Julia, que desde que entra ya mira a Juan con ojos de "te lo como tó". No sé, pero un poco más de progresión sería interesante. Si no, estás contando el final ya desde el principio. Y la degradación de Julia tiene que pasar por muchos estados. Del desprecio, al amor, al deseo, a la ruina, al vacío. Y es ascenso de Juan lo mismo. Pero aquí ella ya empieza vendida y entregada y él mandando. 
Y luego algo que a mí personalmente me abruma; la palabra. El valor de la palabra, la importancia de la palabra. La naturalidad no tiene por qué ser sinónimo de "tirar" el texto. Quiero decir, el texto lo puedes tirar (allá tú si prescindes de la importancia de la elección del autor) si quieres restarle importancia a algo, pero SIEMPRE tiene que ser audible e inteligible. Hay que saber qué se dice en cada momento, por qué el autor eligió esas palabras y no otras y darles la importancia y el peso que requieren. Y que se entiendan. Quizá por la "relajación" de las muchas funcione,s se haya perdido esa dicción. Pero no puede ser que la famosa frase: "criado, lacayo, en pie cuando yo hablo" se diga así como si nada. O como otros momentos en que los problemas de dicción dificultan que entiendas qué han dicho. Eso sí, los actores entregadísimos y muy, muy buenos. Los tres. Sergio Pozo, Esther Acebo e Irene Escalada. Además hacen un trabajazo dificilísimo. SPOILER (Aunque durante el polvo, yo no miraría hacia arriba, sino que intentaría esconder la cara de puritita vergüenza)  



En definitiva, una lástima esta versión de "La señorita Julia". Todo el arte desarrollado en su anterior propuesta se diluye en esta y al menos para mi gusto, nos encontramos con una visión simplista y superficial de este clásico. Lo que vemos es lo que se ve en una primera lectura. y no digo que no hayan indagado y trabajado muchísimo, que fijo que sí, sino que parece como si se hubieran quedado en la primera capa. Lo lees, descubres esto, lo armas y como tiene sentido y fuerza, lo dejas ahí. Y unas vueltas más y haber escarbado en los entresijos de Stridnberg y de su mente enferma y enfermiza le habría dado mucha más riqueza y más vueltas a este montaje. 
Bueno, y que la acción se desarrolle en la noche de San Juan, con sus hogueras purificadoras también tiene su por qué. Prescindir de ese detalle... no sé. De lo que no estoy seguro es de si se menciona en la función la cicatriz en la cara de ella. Así que ahí no me meto. Aunque hasta la cicatriz tiene miga.

    

lunes, 21 de septiembre de 2015

Humpday. La pensión de las pulgas.

No me digas que a veces no estás hasta el coño de ver cosas rarunas porque sí. De presenciar berenjenales de esos en los que se mete la peña y de los que ni ellos mismos saben salir. Como si lo raro fuera de por sí bueno y lo hermético, de calidad. Pues chico, yo casi que prefiero ir al teatro, divertirme con un historia cachonda (pero de las envenenadas, de las que molan) y salir con la sonrisilla puesta tras haberme comido un pastelito envenenado y servido con un arte poco común. El de su directora y sus intérpretes. 



Yo la peli no la he visto, y me da a mí que no la veré. Así que llegué a La pensión de las pulgas totalmente virgen. Bueno, digamos... inmaculado (en esta "crítica" hay ciertas palabras que... escuecen). Vamos, que no tenía ni pajolera de qué iba esto. Claro que jugaba sobre terreno fiable. Dando carne... digo dando vida a los protas, nada más y nada menos que Concha Delgado, Javier Ruiz de Somavía y Andres Gertrudix. Y a los mandos Raquel Pérez. No hay que decir nada más. Un ser superior con una inteligencia dramática (teatral) tan apabullante que cualquier sitio al que llegues tú, ella ya lo ha visitado. Es tremenda la tía. Y buena. Cojonuda. Acojonante. Brutal. Bestial. Una apisonadora. Y como directora maneja todas sus armas con la misma maestría. Controla las escenas como si fueran una comedia de Howard Hawks, con un sentido del ritmo y del crescendo certero y sin el más mínimo titubeo. Sabe qué quiere contar, cómo hacerlo y desde dónde. Con eso está todo dicho. Y encima les ha abierto unas puertas interesantísimas a sus actores y ellos como buenos intérpretes que son, han pillado el filón y componen un trío histórico. 
En comedia lo principal es el ritmo. La dosificación de los recursos y de los tempos para conseguir que el interés no decaiga y que a la vez resulte creíble, verosímil y asombrosamente real lo irreal. Existe la tentación de querer darlo todo desde el principio pero aquí ninguna de los implicados cede ante esa manzana envenenada. El arranque (en off) marca ya una filosofía. Y de ahí no se mueve ni cuando el poderío de sus actores habría podido hacer que se decantara el asunto más por el desenfreno. La inteligencia y la mesura envuelve todo el curro.
El texto es un caramelo de estos rellenos de pus. Bajo la primera capa, la de la comedia hay una reflexión sobre la madurez o mejor dicho, sobre el paso del tiempo y sobre la eterna duda que te invade al llegar a cierta edad: ¿habré hecho bien? ¿Habré exprimido mi vida como yo he querido? ¿Habré cumplido mis sueños, aquellos que tenía de joven, cuando todo era energía, ímpetu y gónadas? ¿He renunciado a mis sueños? ¿Tener pareja y querer tener un hijo es haber fracasado? ¿Es más burgués una vida en pareja o una vida aventurera pero para evitar los compromisos? Y luego otra capa más, el deseo oculto, el morbo soterrado, la amistad calentona, el "soy tu amigo pero me pones...", esos frenos autoimpuestos que a veces entierran muchas verdades. Las etiquetas. Las jodías etiquetas. Los miedos. Y el egoísmo. Ay, el egoísmo. Ese que hace que te cuides y te protejas a ti mismo y te consientas todo pero NO a los demás. 
Elementos en definitiva, de duda existencial moderno burguesa que en realidad nos tocan los cojones a todos, más o menos, antes o después. La vida misma. Ahí es ná.




Y ahí tienes a eso tres monstruos en escena. Javier Ruiz de Somavía es un prodigio de naturalidad, de implicación emocional y física, de entrega y de generosidad. El Hugo que compone es un perfecto tocahuevos, el amigo amado y entrañable pero al que le pegarías un tiro. El odiado por tu madre y deseado por tu hermana. Un jodío sinvergüenza que aquí tiene la cara y el cuerpo (y mejor me ahorro los calificativos) pero que podían ser los de Cary Grant. Tiene ese cinismo, ese carisma, ese encanto, ese polvo y esa elegancia sinvergüenza. Fabuloso. Andrés Gertrudix, se acerca por primera vez a la comedia. Pero vamos, porque lo dice él porque es como si hubiera nacido para esto. te descojonas con él. Es un total y absoluto soplapollas. Tierno, metepatas, torpe, liante, te lo quieres comer y le quieres abofetear. Y tiene una guasa y un cachondeo interno que hace que se le escape la comedia sin querer. es asombroso cómo Banquo puede tener este nivel de cachondeo y de juego en las venas. Me quito el sombrero una y cien veces antes eset Woody Allen. Pero es que lo que hace Concha Delgado... es titánico. Su personaje, pobre, es el que a priori, menos miga tiene. Está como recibiendo. Reacciona a lo que ocurre pero no provoca mucho. Eso es lo peor y lo más difícil para un actor. Pero Concha, inteligente y más lista que un ratón colorao, saca la verdad de cada palabra, CREA en cada momento una acción concreta y una verdad. Las crea y las vive. Y consigue que esta mujer, que haga lo que haga y diga lo que diga la va a cagar, lo cual acaba sucediendo, sea el motor invisible de la acción. Saca vida, verdad, compromiso y estremecimiento e indignación en cada mirada, en la tensión corporal, en cómo mueve las manos, en cómo gira, el cómo respira. Y con un trabajo vocal ejemplar. A ver si más de una (y de uno) aprende a tener la voz en el sitio perfecto y a saber usarla, a gritar y a proyectar o susurrar y que todo se entienda y transmita. Para mi gusto, sin duda, Concha se enfrenta a lo más difícil y consigue un trabajo prodigioso. Ella podría ser una Katherine Hepburn así, tal cual. Encima es que la pobre recibe por tos laos y no puede evitar caer mal. Mal no, pero sí ser la "antipática", porque ellos son tan...



En definitiva, un trabajazo ejemplar. En sus aspiraciones terrenales y certeras pero bastante más densas de lo que puedan parecer. Trabajo sacado adelante con inteligencia, serenidad y un sentido prodigioso de los recursos. Dirigido sabiamente y con tres seres tocados por las musas. Javier, Andrés y sobre todo Concha, que están para comértelos. Pero vamos, literalmente.              

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Fira Tárrega 2015.

Hace unos años, en un Fringe, me di cuenta de que los espectáculos que más me habían gustado y sorprendido venían todos de este festival. O de esta feria. La verdad es que no sé cómo llamarlo. Lo llamaré simplemente Fira Tárrega. En ese momento decidimos que queríamos conocer esa feria de la que salían espectáculos tan originales, rompedores y que conectaban tanto y tan bien con mi forma de sentir y vivir el teatro. Bueno, con una de ellas, porque pa poliédrico, yo. 
Y durante los primeros años, flipé. Me lo pasaba que te cagas. Veía espectáculos inolvidables y descubría a seres tan únicos y extraterrestres como Ernesto Collado, Fet a má, Animal Religion, Insectotrópics, Kamchatka... y más de una cagada también. Pero vamos, que ha sido un festival de referencia, una cita obligada cada septiembre. Hasta diría que quizá he ayudado con mis comentarios a que algunas personas se hayan animado y hayan probado la experiencia. Sin duda es algo único e imprescindible. Conocer la Fira es obligatorio y el goce con el que vuelves está casi, casi asegurado.




Lástima que este año la programación o al menos lo que yo he visto no haya estado a la altura de otros años. Un espectáculo inolvidable, dos buenos y el resto... entre lo correcto y lo olvidable. A lo peor es que he tenido muy mal ojo eligiendo, pero al igual que otros años oías a la peña comentar que había visto tal o cual espectáculo y que era la hostia, este año lo que oías era más bien lo contrario. Que qué diferencia con otros años, que qué flojo, que "lo de anoche estaba bien, pero tampoco para volverse loco". Del "acojonante" hemos pasado al "está bien" y del "estremecedor" al "pues vaya". Sólo quiero destacar "Crudo ingente" de Nacho Vilar producciones. Resulta que los espectadores estamos viendo el espectáculo desde un sitio, tres espectadores ven lo mismo desde otro sitio y además "oyen" el espectáculo por unos auriculares. Aunque cada uno de ellos oye sólo una parte. La clave estaba en que al final de la performance, tendríamos que haber hablado entre todos para, con los fragmentos que aportaba cada uno, intentar recomponer lo que había pasado. Bueno pues resulta que como se les había hecho tarde nos largaron sin esa "puesta en común". Vamos que nos mandaron pa casa sin saber qué habíamos visto. Medio espectáculo por tol morro. Eso sí, el precio de la entrada fue completo.    





Insectotrópics abrieron la Fira con un espectáculo creado específicamente para esa gala inaugural. "Compra'm" parte de la misma fórmula de sus anteriores espectáculos. Orgía multidisciplinar con cien millones de propuestas o de zonas de trabajo simultáneas. Un Ópera visual potente y con una energía y una virulencia que en la que me reconozco. Mi interior, a veces, bulle al ritmo y con tantas imágenes y tan estridentes como los espectáculos de Insectotrópics. Este viaje a la moda, al consumo, esta caja de Pandora terrorífica al fondo de la burguesía, de la comodidad, de la masa, esa inmersión al abismo del consumismo y de la pérdida de la identidad es realmente terrorífica. Tanto como sus otros trabajos. Aunque quizá el empeño por hacer que todo fuera visto "de frente" cortó un poco el torrente tanto de imaginación como de implicación en 360º que tenía por ejemplo esa obra maestra que es "Bouazizi". En cualquier caso, un Insectotrópics obligatorio. Un chute de heroína con amoniaco y dinamita directo al estómago.

Vimos unas cuantas cosas que se debatían entre el sopor, el chiste fácil, el paseo por la ciudad, la idea mal o poco desarrollada...así que no voy ni a perder el tiempo en mencionarlas. Mejor hablo de las que me han gustado, qué coño.




"Camargate 1.1" de la Compañía La Rueda dirigida por el genial Jorge-Yammam Serrano.
El encuentro entre las dos... señoras, entre la Sánchez Camacho y Victoria Álvarez. Dos... molt honorables... señoras, unas damas elegantes, sencillas, campechanas y honradas que demuestran a golpe de carcajada lo bonitas que son las florecillas en el campo y lo fácil que es ser honrado. Jorge sirve este bombón en bandeja a sus actrices, Cristina Gámiz y Anna Sabaté para que ellas se luzcan. Espectáculo necesario, estrambótico y casi tan esperpéntico que parece mentira. Pero es que la realidad supera a la ficción. Dos actrices descomunales, acojonantes y descojonantes. Ah, y viendo lo que hace Cristina con Vaca 35... me declaro fan hiperbólico de esta dama.




"La cena del rey Baltasar" de la compañía "Los números imaginarios" dirigida por Carlos Tuñon. El espectáculo es brutal y salvaje a partes iguales. La puesta en escena es brillante e ingeniosa, pero... a veces cae en su propia trampa. Al entrar en el espacio, los actores charlan amigablemente con los espectadores. Esto facilita que te relajes, te hagas "amiguete" de los actores y te enfrentes a la ceremonia desde un sitio más reposado, sin la tirantez de contemplar fríamente un espectáculo. Pero el proceso de "sentar" a los doce colaboradores es quizá un poco largo. Y más adelante, cuando después de una función estremecedora e impactante vuelven a "romper" las fronteras, ese momento es de nuevo, demasiado largo. El momento de la cena se alarga demasiado y hace que el estremecimiento que te recorría la espalda decaiga un poco. Además de que el nivel de los actores a la hora de enfrentarse al verso es desigual. Lo que es innegable es la entrega total de todos y cada uno de los actores y el trabajazo profundo, serio y con muchísimo peso por parte de todos. Eso sí, con Carlos Tuñon me pasa una cosa y es que veo muy buenas ideas en cuanto a la puesta en escena pero unos resultados desiguales y algo erráticos. Pero vamos, tiempo al tiempo porque su calidad y su genio son incontestables. Ahora, también te digo que ese final larguísimo es una obra maestra. Es como un plano de una película de Kiarostami, eterno, mostrando en toda su crudeza las consecuencias en los personajes de las burradas que acabamos de ver. Brutal. Y el trabajazo de Jesús Barranco... indescriptible. Magistral.





Y cómo no, el plato fuerte; Vaca 35 y Compañía la Rueda juntos para regalarnos "Cuando todos pensaban que habíamos desaparecido" bajo la batuta prodigiosa y magistral de Damián Cervantes. Otra joya de la compañía mejicana y de la compañía catalana.
Te reciben entre sonrisas, besos, canciones, bailes y alegría desbordada. Y por si no supieras de qué van estas compañías, ellos te lo dejan claro en cuanto empieza la "acción" como tal. Amontonados unos sobre otros un sonoro PEDO inunda en espacio. Y a ese pedo le sigue una interesantísima disquisición sobre pedos, cacas, el olor de Tárrega (huele a pedo, eso es un hecho) y las distintas maneras de cagar y de limpiarse. La vida misma. Lo que tú siempre has pensado pero no sueles decir públicamente. Seguramente por respeto, por pudor, por "educación" pero que siempre has pensado. Bueno, pues esa forma irreverente de romper un tabú, un código establecido de buenas maneras es la clave de este trabajo. No es casualidad, es un resumen de lo que vas a ver. Igual que existe un tabú para hablar de cacas y de pedos, lo hay para hablar de la muerte. Al menos en España. Siguiente clave de este trabajo, la dicotomía España/Méjico. Espeluznante ese momento de "pelea" por ver dónde es peor la pobreza o qué índice de necesidad es más duro. Los eternos "amigos" resultan no ser tan amigos, o quizá es otro tópico que convendría revisar. Está feo hablar de caca, Méjico y España se llevan muy bien y se quieren mucho, de la guerra se habla entre lágrimas y a los muertos se les respeta desde el silencio. Tópicos típicos ciertamente falsos. El respeto a los muertos y el diálogo con ellos respira en cada frase de este espectáculo. Y encima produce un dolor y un estremecimiento mezclado con sonrisas e incluso con alguna carcajada que hacen de este espectáculo otra joya espeluznante y estremecedora.



Me pasó una cosa curiosa. Cuando Jorge dijo "el salmorejo es una comida de campo", empecé a llorar. No me digas por qué, pero esa frase y cómo la dijo me trasladaron a sitios dolorosos. Y eso que las penas con pan son menos. El otro momentazo que me hizo llorar también es de Jorge. "Me llamo Federico García..."
Teatro de la memoria, del pasado, de la memoria histórica, de la justicia poética, de la universal, teatro del grito y del dolor. Del dolor sublimado. De la guerra recordada y de sus muertos. De sus asesinados. A los que no hay que olvidar. De Chiapas, de Cuidad Juárez, de los barrancos y las cunetas. Del abuelo muerto y del padre asesinado. Teatro de máscaras. Y de la comida, de la celebración de la vida, del alimento como fuente de vida, de la comida como "remedio para el mal de amores". De las recetas "de reinas" y de los purés de verduras que son vida en sí mismos.
La comida como fuente de vida y de recuerdo, porque no hay que olvidar, hay que recordar y colocar a los recordados en su sitio. Da igual si tú has sufrido más que yo, celebremos juntos que estamos vivos y hablemos con los muertos porque ellos también lo están. ¿O no?



No nos olvidemos nunca de que en los montajes de Vaca 35 no hay NADA gratuito, nada que no esté medido, pensado, decidido y puesto ahí con un sentido y con un propósito. La manos magistral de ese genio intergaláctico que es Damián Cervantes rescata todo lo que ha ido surgiendo en el trabajo previo de investigación y le da forma y contorno. TODO lo que vemos ha surgido como consecuencia de algo y está ahí por algo. No es gratuito. Por eso hay que ver los espectáculos de Vaca 35 con mil ojos muy abiertos y respirando cada frase, cada grito, cada giro, cada nota musical y cada olor. Con ellos SIEMPRE hay olores, como en la vida. Incluso los objetos, que podrían parecer casuales, no lo son. Son necesarios tanto para los diversos rituales que vemos en escena como para componer ese retablo de iconos casi religiosos en el que se convierte el espacio al final del espectáculo. 
Espectaculares tanto por entrega como por su implicación emocional y sensorial TODOS los actores. Mari Carmen, Diana, Rafael, Jorge, Cristina y Diego. Y esto ya lo digo como comentario hiperbólico y desmedido. De esos típicos míos. El momento Diana llorando sin poder evitar que se la escaparan las lágrimas... es Historia del teatro. 



Este nuevo mazazo a las entrañas ha sido sin duda lo mejorcito de esta Fira algo deslucida y más apagadilla que otros años. Esperemos que se pueda recuperar para el año que viene ese espíritu aventurero e innovador. La sorpresa y la rareza. 


Por cierto... las impresionantes fotos de Vaca 35 son de Victor Merencio. Fabulosas.  

jueves, 3 de septiembre de 2015

Palabras encadenadas. Off del Lara.





A nada que conozcas a Fran Boira y a Cristina Alcázar te podrás imaginar que no son actores de los que escatiman entrega, riesgo o valentía. Al contrario, siempre arriesgan y dan de sí el 100 % como mínimo. Claro que cuentan con una ventaja. Y es que ambos son seres tocados por la musa del arte. Fran se atrevió con un McBeth y no le tembló le pulso. Normal. No sólo aprobó le examen sino que sacó matrícula a base de talento, riesgo, valentía y de suicidarse emocionalmente en cada función. Después de esa hazaña quedó demostrado que Fran puede con todo. Y Cristina se atreve a medirse con esa bestia parda de Fran y tampoco le tiembla el pulso. Lógico, ella tiene tanto talento y valentía como Fran y la lucha entre los dos es cuerpo a cuerpo, de igual a igual, una lucha de panteras salvajes heridas, mutiladas y rabiosas. Bella como un amanecer y con un dominio vocal apabullante.





Esta propuesta es modesta en su planteamiento (un espacio cercano y desasosegante, el aliento de las hienas a medio metro, un texto poderoso y dos actores bestiales) pero con un resultado de altos vuelos. Es una pieza de esas que se convertirán en míticas, uno de los duelos teatrales de mayor voltaje de la historia de la cartelera madrileña. No quiero joder la trama a nadie así que seré cauto en lo que cuente del meollo de la historia. Sólo diré que lo que empieza como el secuestro de una chica a manos de un asesino cruel y despiadado irá girando y girando y girando de nuevo y otra vez más y otra en un puzzle de vueltas y revueltas que te mantendrán en vilo, con el alama encogida esperando "qué coño va a pasar ahora", sin terminar de apoyar le culo en la silla y con los huevos por corbata durante hora y pico. Un duelo de altísima tensión dramática, interpretativa, sexual, tiránica, hijaputa, dolorosa, juguetona y despiadada que permite a los dos intérpretes manejar un ramillete de sensaciones, gestos, relaciones de poder y de sumisión, un abanico de intenciones y de toboganes emocionales que son un puto regalo para un actor. Los dos leones enjaulados y heridos, Fran y Cristina dan un recital de matices, de idas y venidas, de sumisiones, humillaciones, despotismos, desprecios, llantos, gritos, potencias y relámpagos como pocas veces se han visto en un escenario. Y es que entre ellos no es que haya química, es que va más allá todavía. Se tocan, se desprecian, se odian, se desean, se repelen, se escupen y se mean uno encima del otro como dos putas bestias acorraladas por el pánico. Supervivencia y machaque. Poder y crueldad. Manipulación y sufrimiento. Un actor necesita, aparte de un buen texto, que su torrente de energía no se diluya, no se caiga ni quede flotando. Necesita que su chorro de energía llegue a su oponente, aterrice, se nutra y vuelva enriquecido y a la altura. Eso es justo lo que se crea entre ambos actores. Un torrente de energía que fluye por el espacio plagado de odio, de ira y de patadas al hígado.     





Amos a ver, si es que esto está inventao. ¿Qué le pide uno a un espectáculo para que le pille? Un buen texto, una dirección que ayude y unos actores que hagan creíble lo increíble. No hacen falta jeribeques raros, ni en necesario leerse un prospecto antes de entrar, ni hay que estudiar astrofísica para entender las metáforas. Con sinceridad, talento, entrega y electricidad basta. Y Fran, Cristina y Juan Pedro lo demuestran. Juan Pedro Campoy dejando que las riendas las lleven los actores, sirviéndonos una  copa envenenada siempre desde el sitio del respeto, del ayudar y del dejar que el torbellino fluya. Sin duda, la mejor forma de empezar el "curso", viendo uno de los espectáculos que la van a lira este año en Madrid. Por algo Cristina y Fran son dos de los actores más acojonantes que te puedas encontrar ahora mismo.

lunes, 27 de julio de 2015

Julián, que tiés el Frinje.

Dicen que se ha pasado de Fringe a Frinje porque es como más castizo, que Frinje es como lo pronunciamos los madrileños (nacidos en Madrid, los castizos). No sé si será por eso, si será por desligarlo del festival escocés o quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa. El caso es que este año, el Fringe se llama Frinje. Al parecer ha aumentado el presupuesto y reducido el número de compañías que han actuado en Matadero. Así que es evidente que cobrarán más, estarán más contentas y todo se acercará más al soñado festival en el que todo sea chachipiruli. De momento, nosotros, como espectadores, encantaos de que organicen este festival, o muestra o como queráis llamarlo de teatro "alternativo". Vamos, que lo que ves aquí seguramente no lo veas en un teatro. Y eso, que puede parecer atractivo, es una leche en algunos casos. Lo de que cada "tipo" de espectáculo se haga en un circuito distinto es delicado. ¿Por qué MBIG no se puede hacer en el María Guerrero? A fin de cuentas, ¿"La piedra oscura" no es Off?, y "Verano en diciembre" va ahora a un nacional, "Adentro" es Off, etc... La verdadera pena de festivales como este Frinje es que muestren productos que van a nacer y morir allí y no se van a desarrollar como deberían.
Bueno, pero voy por partes. Lo primero que echo en falta en el Frinje es una promoción más salvaje y efectiva. De alguna manera, este festival pasa desapercibido. Los que vamos al Frinje somos el público del Off. Los madrileños no se enteran de que existe. Es más, si alguno recalara por Matadero cualquier tarde de estas a darse un paseo tampoco se coscaría de que hay un festival en marcha. NADA en la cuidad indica que se esté celebrando un evento así, un escaparate de "otro tipo" de propuestas. No lo digo para criticar, al contrario, lo digo para que los responsables tomen nota y sopesen para otros años darle más promoción. Nadie ha visto un folleto amarillo fuera de Matadero (aunque también es cierto que en ninguna sala se ven flyers de otras salas, sólo de su propia programación, y para mí eso es un error; es cerrar la posibilidad de crear un "espíritu Off", pero ese es otro tema).
Pues nada, que eso, que se debería promocionar más y mejor e intentar crear un ambiente realmente festivo. O pasas por la entrada de la sala Hormigón o no te enteras de que allí hay algo, y claro, nadie pasa por la puerta de esa sala.




Otro tema son los espectáculos que se pueden ver. Ignoro el proceso de selección pero en algunas casos realmente son grandes enigmas de nuestra civilización. Aunque también te puedes encontrar con maravillas como "Dévoration (con amor o con odio pero siempre con violencia)" de Le Theatre du Baleti que te dejan ausente de este mundo durante varias horas. Este espectáculo brutal e impactante sobre la violencia, la historia de la violencia, la violencia disfrazada de amor, el amor disfrazado de amor, la violencia disfrazada de amor de madre... es un prodigio que si seguimos mi teoría primera, bien podría verse en un teatro de los de gran aforo o dentro del Festival de Otoño, por ejemplo. Simplemente la primera escena, con los actores desplomándose una y mil veces por el espacio tiene tanto poder de hipnosis que merecería un trato privilegiado en la programación de esta ciudad. ¡¡Y desgraciadamente no seríamos más que unos treinta espectadores!!





Yo tengo una habilidad especial. Cuando viajo por ahí, al extranjero, suelo acertar al elegir la comida en esas cartas indescifrables y con las que se te pone cara de rodaballo al leerlas. Pues la suerte que tengo para eso no la tengo para compaginar trabajo y ocio. Total, que por movidas que no vienen al caso me quedé sin ver "La mujer del monstruo", uno de los proyectos más apetecibles. Dirigía Salva Bolta, los textos partían de un taller creativo y el reparto femenino era de babear. No puedo opinar porque no lo he visto, pero mis cercanos salían en-tu-sias-ma-dos. Y seguramente este espectáculo, al venir de un taller, no esté todo lo terminado y pulido que debería. Quiero decir que con un pelín más de tiempo, tendrías un espectáculo estelar para programarlo en cualquier gran teatro. Y quizá muera ahí, el Matadero, en julio, en el Frinje. Coño, una pena. Como es una pena ver sólo tres cuartas partes de lo que podría ser "I'm sitting on top of the world", la última criatura de Antonio Rojano y Juan Francisco Ferré. Un espectáculo anunciado ya como "inacabado", como una parte de lo que podría ser. Pero claro, montarlo entero cuesta una pasta y lleva su tiempo. Así que la final vemos un trozo sólo. Quizá se podría haber financiado entero desde el festival, aunque claro, habría supuesto traer a menos compañías y entonces me quejaría de que vienen pocas compañías.




El trabajo más ambicioso ha sido sin duda "Shoot / Get treasure / Repeat".  Los textos de Mark Ravenhill dirigidos por esa mente que es Carlos Tuñon y traídos a la vida por Nudus teatro. Las distintas piezas, aunque se podían ver por separado, formaban un conjunto que resultaba un tanto irregular. Todos los actores sin excepción son prodigiosos, pero claro... hay segmentos que eran complicados y no todos funcionaban. Es casi imposible que si haces bien de ser frágil sea más difícil que des el tipo de soldado bruto y aguerrido. En definitiva, me han parecido unas apuestas escénicas muy buenas pero con un interés desigual y un resultado también desigual.

Desgraciadamente "Danzad, danzad malditos" tampoco lo he podido ver. Pero tiene todas las papeletas de que eso se podrá ver en Madrid después del verano. Fijo. 

Luego hemos podido comprobar cómo por desnudar a los actores de un montaje, uno no se convierte en moderni de sopetón. También que un actor, por muy resultón que sea, no puede sacar adelante un texto soso y plano, lleno de tópicos a medio gas y con un final facha que te cagas. También hemos podido ver cómo lo que sale de un taller no siempre está maduro e incluso ni siquiera tiene por qué ser interesante. Si encima lo montas feo, lo diriges con los ojos tapados y pones a un actor en un espacio que no controla, sólo puede salir un quiero y no puedo aburrido e insustancial. E incluso se puede llegar a ver lo chulo que es el invernadero, aunque entre medias haya unos actores intentando dar vida a unos textos... digamos que pobres y sin el más mínimo interés. Grandes actores mezclados con otros no tan buenos, jugando con unos textos reguleros, a las tantas de la noche y con un calor que te cagas...sólo provocaban que quisieras ir al bar a tomar algo. Aunque viendo lo mal que se ha gestionado un espacio tan vital como ese, mejor era irse a sobar. Porque mira que ha estado mal llevado el bar, madrededios...




En "Fuerza de gravedad" pudimos ver a un grupo de artistas disfrutando del paso del tiempo y provocando que la única mirada condescendiente fuera la tuya al pensar la tristeza que debe de suponer para ellos el paso del tiempo. Mentira, ellos están encantados de que pase el tiempo y sigan ahí, y de que encima puedan presumir de pasado. Fantástico montaje delicado y sensible con unos intérpretes fantásticos.  





Otra de las joyas ha sido "Cosas que se olvidan fácilmente". Un viaje al que te invitaba Xavi Bobés rodeado de sus fotos, sus objetos y sus vidas. Una inmersión en la memoria, en el recuerdo, en la Historia y en la memoria histórica. Dulzura, melancolía, desgarro, vida y muerte, olvido y herencia, perduración y olvido. Un viaje emocionante y emotivo por los rincones de la memoria de muchas generaciones. Bellísimo y estremecedor.




Y de remate "Añicos" debut en la dirección de Pablo Martinez Bravo con un texto de Carlos Be. Al mando del asunto nada más y nada menos que Raquel Pérez y David González (ahí es ná) acompañados de Carlos López y Sara Moraleda. Mu listo Pablo, se ha rodeado de lo más granado para debutar como director y demostrar lo que lleva aprendido en este tiempo. Y es capaz de sobreponer su propuesta al entorno y a las circunstancias y ofrecernos una propuesta concreta, limpia, reducida a su esencia, moviendo a sus criaturas por los caminos oscuros por donde los lleva Carlos Be. No quiero reventar nada, porque este espectáculo se podrá ver en Madrid en septiembre, así que mejor vais a verlo. No digo más: nombre míticos, Carlos Be, Raquel, David, acompañadísimos por Carlos y Sara y con Pablo a los mandos. No sé qué más quieres. Un MUST, sin duda. 




Más o menos eso es lo que he visto y sentido este castizo año. Salgo con la sensación de otros años. Lo primero, que julio es mu mal mes, y entre que la peña huye enlobada a la sierra en cuanto puede, que hace un caloraco que se muere la perra y la poca promoción que hay, te encuentras con una respuesta desigual. El funcionamiento y el resultado acaba siendo un poco como habitualmente en el Off: funcionan mejor los espectáculos que tiene más amigos  y los que cuentan con nombres con más tirón. El tirón del Off. Pero claro, si va a acabar siendo como el Off pero desde un teatro público, no vale. Paguen y programen directamente "La mujer del monstruo" en la Margarita Xirgu. O "Añicos", o "I'm sitting in top of the world" o lleven "Devoration" a la grande, o a Matadero, pero dentro de la programación regular. Porque el Off ya existe, ya funciona. Mal o bien, pero funciona. Y quitarle el Off al Off no vale. El Off está ahí, y hacer un festival del Off en Matadero es como hacer pública una necesidad que ya la gente se está buscando la vida para sacar adelante. O si no, hagamos algo para acabar con el concepto Off, y lleven "Añicos" a la Xirgu. Pero de verdad. El Off está saciando una necesidad que el teatro público no satisface. Y hacerse con ese espíritu... no mola. Pero no sé cómo se podría hacer. El Frinje es demasiado Off como para ser público. Yo qué se. Es un lío todo y me quiero ir de vacaciones. Eso sí, cambien el bar, pordiosssss.              

sábado, 11 de julio de 2015

Brochazos veraniegos.

Mira que soy friki, pero es que hay gente que es mucho más friki que yo. Y es que resulta que me han llegado unos cuantos mensajes diciéndome que si me había tragado un bote de Mimosín o qué., porque hacía mucho que no escribía y preguntándome por unos cuantos montajes en concreto. Y como yo he nacido para el placer; tanto para recibirlo como para darlo, os voy a dar le gusto de resumiros unos cuantos espectáculos de los que he visto últimamente para que os quedéis tranquilos, jeje.




Sí, vi "Daisy", vi "Arrojad mis cenizas sobre Mickey" y vi "Accidens". Sinceramente creo que lo suyo habría sido, si te censuran el uso de animales en "Arrojad...", haber suspendido. Seguir adelante y compartir con nosotros el rebote me parece un recurso fácil y que desde luego parte con la complicidad asegurada. Una complicidad que no necesita, porque más o menos... está claro qué público va a ver a Rodrigo García. Que conste que me enloquece, me mueve, me conmueve, me taladra y me traspasa. Comparto su pota y su rabia. Su pus y su ironía salvaje. Aunque "Daisy" se quedaba algo deslavazada, "Arrojad..." no tiene desperdicio y "Accidens" es una sátira brutal de la tortura, con ese milico fumando mientras su víctima está a punto de morir. Acojonante. Y... empalmo con "El Conde Torrefiel". Lo mismo, me llega, me toca, me mueve y me pone. Su análisis me llega mucho y su punto de vista y de partida me gusta y me cala.




"Green porno" fue un divertimento blanco, naif y párvulo. Sin más interés ni más recorrido que ver a Isabella Rosselini así en vivo y ver que tiene un encanto arrollador y un humor simplón y efectivo. Muy mona ella.




Vimos "Antígona" y vimos "Medea". La versión de Miguel del Arco estaba bien, los actores muy bien, sobre todo Manuela Paso, como siempre, aunque la Machi estaba demasiado plana. Entregada, desgarrada y brutal, pero plana. está igual de mala al principio que la final. Eso sí, el auto-homenaje con el bailecito me pareció fuera de lugar y el grito llanto final... yo diría que "alguien ha visto el "Lear" de la Espert...". Muy chulo lo del globo aunque la puesta en escena en general para mi gusto estaba un poco pasada, me sonaba a antigua. Pero bien. La propuesta de Lima sin embargo no me llegó. Aitana lo da todo, se desgarra y se retuerce, se desnuda, se unta, se reboza, grita y sufre al límite y eso siempre es de alabar y de agradecer, pero... creo que sus limitaciones se evidencian. Vocalmente por ejemplo, está engolada buscando unos graves que no tiene y que resultan demasiado forzados y antinaturales. Reconozco que está entregada al cien por cien y que seguramente sea su mejor trabajo, pero yo con ella tengo una química rara y no me traspasa. No me llega. Eso es problema mio, evidentemente. Y lo de Andrés Lima... eso si que no me gusta nada. Parece un maestro de ceremonias, o mejor dicho, parece el vendedor de la tómbola Cachichi (una tómbola que iba a la feria de Valladolid en la que un señor aburrido cantaba aquello de "¡¡Qué alegría, qué alboroto, a por otro perrito piloto!!" Pues eso, hace del mismo feriante que el "Capitalismo". No me gustó entonces y no me gusta ahora. y por mucho que insista y lo repita, nunca me va a gustar.




No vi "El discurso del Rey". Bueno, vi un trozo, una hora. Y me salí.   

En "Famélica" me aburrí soberanamente a pesar de que el gran Rulo Pardo daba, como siempre, un recital. Soberbio. Él.




"Hard Candy" me dejó tan frío como estaba al principio. Salí como entré. y entre medias tampoco sentí mucho repeluco con nada. vamos, que reconozco el curro, la entrega y la enorme valentía de los atores, especialmente la de Agus Ruiz. Si Julián Fuentes Reta acertó en "Cuando deje de llover" (a mí tampoco me enloqueció, pero sí reconozco que es un gran montaje y que Susi estaba inmensa) con Hard Candy busca repetir el impacto de la  peli pero no le sale. Lo que en lenguaje cinematográfico funciona gracias a sus propios recursos dramáticos y formales, en teatro no funciona. Al menos no conmigo. No me creo la historia ni me conmueve, ni me da grima, ni me posiciona, ni me toca ni me nada. Y Olivia Delcán no me gustó nada. Toda la primera parte está leyendo el texto y no hay un atisbo de emoción ni de verdad. Lee. Y le mal. Se equivoca mucho y está ausente. Cuando empieza la acción parece que entra un poco más en el juego, pero vamos, que ahí está su compañero tirando como puede parriba y dando la verdad y la rabia que ella no tiene. 




"Las ideas" de Federico León me pareció un análisis lúcido y brillante del hecho creativo. Aunque reconozco que la diversión y el buen rollo del principio, se me acabo en algún momento y la fórmula que en un principio me funcionaba, llegó un momento en el que se me agotó. Pero admiro a Federico León por su visión, por su punto de vista, por el sitio desde donde cuenta las cosas y por cómo las cuenta. Grande, grande.

"El triunfo de la libertad" me pareció una tomadura de pelo. Deberían haberlo puesto en el hall de entrada al valle Inclán, así como en plan instalación, y al entrar a ver un espectáculo de verdad, igual le habías echado el ojo un par de minutillos y tan ricamente. Pero soplarte no sé cuántos euros por ver ESO me pareció un robo. Vamos a ver, si sólo son unas luces y unas frases supuestamente trascendentes (aunque en realidad eran de folletín romanticoide que ni Meg Ryan)... si sólo es eso, ¿dónde coño está el hecho teatral? No hay NADA vivo, todo es grabado, no hay un cuerpo, un ser vivo, un movimiento, no hay acción ni hay ejecutante. Es una vídeo instalación y punto. Y encima mala. Y para remate, el concierto de dos horas y pico que era "Hacía un ruido" sin más interés quizá que la pieza final... era para salir del teatro (si aguantabas ese maratón de cuatro horas de vacío y pestiños) y darte al alcohol por Lavapiés. Desde luego habría sido infinitamente mejor opción que esa tarde perdida.




"El sueño de una noche de verano" de Tim Robbins me pareció correcto. vamos, que si montaras un "Sueño..." , lo básico sería hacerlo así y a partir de ahí empezaría la creación. Todo es correcto, todo está bien, todo fluye y ya. Eso sí, la visión de los enamorados es demasiado simplista y los retrata como unos auténticos descerebrados salidos como el pico de una plancha y sin ninguna magia. Eso a pesar de que los actores están brillantes. Todos ellos. En fin, que montaje correcto... y ya.


Y ahora...me tomo un cerve y me pongo con el Frinje.    

martes, 23 de junio de 2015

Fortune cookie. Valle Inclán.

Cualquiera que haya visto un espectáculo de Carlota Ferrer sabe que es una de las figuras más interesantes de la escena actual. Personal, única, con una creatividad desmesurada y una capacidad de riesgo envidiable.
En "Fortune cookie" habla de muchísimas cosas. Bajo ese envoltorio bellísimo, laten mil temas a cada cual más intenso y acojonante.
Demostrando una vez más esa inteligencia que la caracteriza, Carlota Ferrer empieza encargando la escenografía a Alessio Meloni y a Mónica Boromello y estos dos genios crean uno de los espacios  escénicos más dolorosamente bellos de los últimos tiempos. Y encima lo ilumina de ensueño José Espigares. Pura poesía.




Y pura poesía es la que sobrevuela por todo este montaje. Rosalba añora su amor de juventud, aquel al que abandonó porque se le quedaba pequeño y al que ahora, enferma, rememora aunque su Ildefonso lleve varios años muerto. Aparte de la trama, que ni voy a revelar ni voy a desgranar aquí, este trabajo habla de muchísimas cosas. O las intuye, o las insinúa y uno ve lo que en él han provocado. Porque Carlota Ferrer tiñe de poesía todo lo que ocurre en el escenario y le añade unas gotitas de naturalidad, un humor fino y sugerente y algo de filosofía de creador y nos sirve un jarabe que como si fuéramos unos niños pequeños, nos tragamos sin darnos cuenta de lo que nos va pasando por dentro poco a poco.
Porque Carlota habla del hecho artístico, del poder del arte, de la creación como sublimación, del creador, del ego, de la necesidad de diálogo, de la herencia, de dejar algo detrás, de trascendencia, de amor, del otro de el complementario, de la pareja, del padre, del hijo, de la raíz, de los porqués de la vida y de la creación, del teatro, de la vida, del teatro como vida, del teatro en lugar de la vida... de todo eso y de mucho más. A través de una distribuidora teatral, un autor, un chino que lo mismo te sirve pa un roto que pa un descosido, una china embarazada y sufriente y del carnicero muerto. 
Tiene algunos de los momentos visualmente más bellos de los últimos tiempos y emocionalmente más complejos y completos vistos también últimamente.  No hay ni un sólo elemento gratuito, y desde los muñequitos de colores, al vestuario, a las copas de gin-tonic, y acabando con el cuentecito de María y su pretendiente, el único con el que quizá habría podido casarse, pero con quien no lo hará porque "ha llegado tarde al amor"; todo está impregnado de capas y de lecturas que tiene mucho que ver con la creación, con la necesidad del otro, del otro como receptor, como comprador, como amante, como amador, como hijo, como heredero, como complemento en definitiva para cualquier cosa que hagamos. Incluso para algo tan naif como recordar a tu primer y más blanco amor, cuando la muerte asoma su pezuña por debajo de tu puerta. Incluso ahí, el "otro" es paradójicamente vital. Aunque nada sea por nada ni valga para nada. Aunque no sepas por qué escribes, ni por qué vas al teatro, ni por qué lloras, ni por qué extrañas. Es así porque sí, como le canto de un pájaro. 





La función dura cerca de hora y media. Yo a los cuarenta minutos empecé a llorar y no paré hasta un buen rato después de terminar. Es de esas funciones de una belleza y un calado tal, que si vas abierto de corazón, te agarra el corazón y te lo estruja hasta secártelo. Grande Carlota Ferrer. Y grandiosos sus actores, todos ellos en estado de gracia: Joaquín Hinojosa, David Picazo (genio polivalente y absoluto), Alberto Jo Lee y Alba Celma. Brillando por encima de todos la diosa de las diosas. Esther Ortega. Sin duda una de las mejores actrices de España. Un titán escénico, un caballo de Troya emocional, que sin que te des cuenta, te invade, te enamora y no te suelta. Adoración eterna.


Ah, coño, que casi se me olvida. El momentazo "Dido y Eneas"... de romperte el alma de bello. Tan estremecedor como ese otro icono como era la lluvia de ceniza de "Las palabras".