miércoles, 7 de marzo de 2018

El dúo de La Africana. Teatro de la Zarzuela.




Ha vuelto el "Proyecto Zarza" al teatro de la Zarzuela.
En su empeño por acercar este género al público del siglo XXI, Daniel Bianco ha traído al teatro de la Zarzuela "El dúo de La Africana" en versión libre de Susana Gómez, que también es responsable de la dirección escénica, mientras que el fabuloso pianista y director musical Miguel Huertas se ha encargado de la dirección musical.




Vaya por delante que a mí particularmente este proyecto coordinado por Almudena Pedrero me enloquece. El año pasado gocé como un bellaco con "La revoltosa" y este año he disfrutado muchísimo viendo con qué alegría y falta de pudor los jóvenes espectadores empatizaban y disfrutaban con esta versión "actualizada" de la obra de Manuel Fernández Caballero.

Susana Gómez ha escrito una versión a la que ha quitado paja, ha pulido naftalina y ha añadido referencias y referencias actuales para así tratar de meterse en el bolsillo a los jóvenes que llenaban el teatro. Toques chonis, chicas reivindicando su derecho a decir "no", un grupo de chicos no machirulos, un despampanante David Pérez cantando "Lo malo" y varios guiños más a nuestros días. Esas referencias obviamente enganchan a estos espectadores. Y abuchean al abusador, animan a la chica que se defiende sola, se parten y aman al mariquita gracioso. Todo eso hace que los aplausos sean atronadores y que en sí la experiencia sea un total exitazo. Otro más de Bianco y de su gestión.

A ver, el montaje es modesto en medios. Quiero decir, que cuenta con lo mejor de cada casa como Miguel Huertas al mando, rodeado por un grupo de músicos jóvenes que te cagas de buenos, Susana Gómez dirigiendo, la grandiosa Elisa Sanz creando la escenografía o gente como Gabriela Salaverri o Alfonso Malanda a cargo de vestuario o luces. Nivelazo. Y aunque no cuenten con los mismos medios que una gran producción, el resultado es brillante. 




El elenco de jóvenes artistas es brillante. Cantan muy bien, bailan, se mueven y pisan el escenario y de todo como si llevaran ahí toda la vida. Tengo que destacar a Alberto Frías porque siempre está fabuloso, aunque quizá debería intentar dar más peso a su presencia. Mitxel Santamarina está fantástico. Tiene morro, desparpajo y se come a todo el que se le pone por delante. Natán Segado Y David Pérez no pueden ser más guapos ni tener más carisma. Los dos serán grandes estrellas. Al tiempo. Cielo Ferrández y Lara Chaves brillan y tiene unas capacidades asombrosas. Y para mi gusto, Felipe Forastiere se sale. Canta que te caes patrás del gusto, actoralmente es una bestia que hace de todo y todo bien y se nota que tiene una inteligencia escénica apabullante. YA es un grande de la escena. El resto, todos para quitarse el sombrero. Bravo, chicos.  






Sin embargo se me plantean ciertas dudas que quizá merecerían una tarde frente a unos vinitos y charlar largo y tendido con el corazón abierto y ganas de oír bien las palabras. 
A ver si me explico: atraer al público joven a la zarzuela es un reto y una meta admirable, está claro. Lo que no tengo tan claro es el precio a pagar por ello. Quiero decir, ¿de verdad sentimos que estos chavales van a volver a la Zarzuela voluntariamente? No, no quiero decir eso. Empiezo otra vez.  
El principal obstáculo para acercarse a la zarzuela son sus libretos. La música es música, es intocable, las notas son las que son y ni se deben ni pueden tocar (al menos eso pienso yo a día de hoy). Entonces lo que hay que tocar son los textos, las palabras. Y la puesta en escena. No hay mucho más. Para eso lo suyo es contar con directores de escena actuales, libres y valientes. Y con versiones que busquen los puntos que puedan ser revisables. Poner a un chico cantando "Lo malo" está bien, los chicos lo pillan y se mean. Pero, ¿es así como hay que atraerlos? ¿No corremos el riesgo de que si vuelven a la zarzuela y no se encuentran algo así quizá no vuelvan más? Está claro que al ver al gordo mariquita simpaticón todas ellas le quieran como amigo y ellos le quieran proteger. En eso, en esa reacción, los jóvenes afortunadamente van muy delante de nosotros. Pero, ¿es necesario que el chico hable en femenino, lleve tacones y cante por Alaska? A ver, que el chico puede ser como le de la gana y tener toda la pluma que le salga de los huevos, no es eso. Quiero decir que así es más fácil empatizar, pero quizá estemos adoctrinando de más en vez de mostrar a un chico simplemente gay y tratar de que el publico empatice con él tal cual, sin plumas ni tacones ni faldas. Insisto que no el una cuestión de plumofobia ni mucho menos. El chico puede ser y sentir como quiera. Precisamente por eso lo digo. Igual es una tontería lo que digo, pero creo que a lo mejor es más importante la normalización de las cosas que el afán por buscar la simpatía. Al final, en esa actitud puede haber algo de condescendencia. Y una mirada amable es peligrosa. Yo prefiero las miradas de igual a igual. Que en definitiva es lo que somos.  
Insisto; está claro que la intención mola todo y que los chicos responden. Eso por sí solo ya es positivo. Pero quizá podríamos dar un paso más, confiar más en ellos y aunque sea dentro de la guasa, del cachondeo y la diversión de un espectáculo en definitiva frívolo, intentar plantear preguntas y que ellos solos se respondan. Como se hace con los adultos. No sé si me estoy liando.
En la charla posterior salió el tema del bulling y eso mola. Que los chicos se queden con ese mensaje es bueno, es sano, pero no deja de rechinarme un poco el que haya que recurrir al estereotipo del mariquita simpático para buscar la reflexión y el mensaje. Quizá estaría bien confiar más en estos jóvenes y dejar que ellos saquen las conclusiones solos. Siempre he creído más en intentar fomentar que la gente desarrolle un sentido crítico que en tratar de enseñar lo que es bueno y malo. Prefiero la ética a la moral. 
Que quede claro que la intención me parece cojonuda y el resultado y el efecto es justamente el que se pretende. Lo que yo planteo quizá sea para ir un paso más allá.   
Hay ocasiones, como esta en las que el libreto te puede permitir jugar y cambiar cosas para "actualizar" y acercar a hoy las movidas de las zarzuelas. Pero, ¿qué va a pasar con las obras que no haya cómo salvarlas? A lo mejor estaría bien aprender (y me refiero a todos, yo el primero) a distinguir que lo que pasa en un escenario NO es la vida. Es una ficción y a veces ni siquiera se parece a la realidad. La forma de atraer al público joven es ofrecerles productos atractivos para ellos. Musicalmente quizá mostrándoles lo bellas que son ciertas partituras. Y escénicamente o contando con elementos reconocibles como en este caso o enseñando que la ficción es ficción y puede ser atractiva si es coherente, madura y si habla al publico de tú a tú, no desde un atril o desde la condescendencia. ¿Qué tal si apostamos por no adoctrinar (por muy positivo que sea el mensaje) e intentamos que lleguen ellos a donde tengan que llegar? ¿Intentamos un espectáculo joven en su concepción y maduro en su planteamiento?   




Una vez más insisto en que el espectáculo me gustó, que disfruté como un crío, que los chicos se lo pasaron que te cagas y que aplaudieron mogollón y además empatizaron con todas las situaciones de maravilla. Misión cumplida. Pa quitarse otra vez más el sombrero. Pero... ¿damos otro paso más y en vez de intentar atraer mostramos lo que es y confiamos en que sea lo suficientemente atractivo como para que quieran volver al mes siguiente a ver otro espectáculo?   


Ah, y que conste que soy sssssuperfan de Aitana-War pero me quedo con la versión de David.


  Las fotazas, como siempre, de Javier del Real, una pasada.             

martes, 27 de febrero de 2018

Una vida americana. Teatro Galileo.




Paloma Clarkson era una chica moderna. Una "chica de hoy en día". Lo era allá por los ochenta, en esa época en la que España quería ser moderna. Cuando entramos en la OTAN para ser modernos y presumíamos de nuestras bases americanas. Porque España también se sentía moderna y quería tener una vida americana. Esa España que buscaba y busca su genitalidad. Mi querida España, esa España viva, esa España muerta, larailaaa.



Pero claro, de lo que uno sueña o lo que luego vive hay un mundo. Mejor dicho; entre los sueños y la vida estamos nosotros. Y aunque cantemos al Boss no entendemos las letras de Mecano (la de “Maquillaje” sí, claro). Y aunque soñemos con nuestro novio americano y nuestro apellido “exótico”, resulta que este se pira un día sin saber por qué y ahí te quedas, sin presente, sin futuro y con el cuerpecito cortado. Como Paloma. Y con dos nenas. Y a ver qué haces.
Paloma habría querido que su vida fuera distinta y haber encontrado un sentido a todo sin tener que luchar a la deriva. Lisa habría querido tener un padre presente. Y haber sabido por qué canta sin cesar la puta canción de Mecano. Robin Rose habría querido tener un centro más claro y quizá el cuerpo correcto. No, eso no, porque a pesar de lo que creen los demás, es el únique que vive feliz, es el únique que “está bien”. Incluso Levi debería haber sido más judío. Pero no lo es. Sin dramas, sólo por naturaleza; él es un poco judío aunque se siente muy poquito judío. Sin acritud. Todos deberían haber tenido otra vida. Pero claro, entre los sueños y la vida estamos nosotros. Y de la vida que pudimos tener a la que nos ha tocado hay un mundo. O un océano. Deberíamos haber tenido una vida mejor, más comprensible, pero al asomar la cabeza por la ventana, tenemos Tetuán, no Minnesota. Y la vida que debería haber sido bonita y consolidada es tan lejana e inexplicable como la letra de la puta canción. De esa canción que aunque no sepamos qué coño significa, seguimos cantando. Porque, ¿quién dijo que esto iba a ser fácil?



Lucía Carballal crea un texto de esos de los que te tienes que enamorar sí o sí. Chispeante, con las coñas matemáticamente medidas para que no resulten cargantes sino en la medida de la realidad más de barrio que te puedas imaginar. Es como si sacaras la cabeza por el patio y escucharas a una vecina, a un ser real y vivo. Eso es muuucho más difícil de lo que uno piensa. Construir personajes y diálogos con la medida justa de la vida real es casi imposible. Y Lucía lo hace así como si nada. Además nos calza así como si nada una defensa del distinto delicada y con la vaselina de la comedia. Una gran decisión la de no recalcar la soflama sino dejarla a la altura de lo cotidiano y plantea un tema tan espinoso y con tantas vueltas como es el tema de los géneros no binarios, la identidad transgénero o simplemente de la libertad. Lo he dicho en otro comentario pero sirve perfectamente para este: El arco iris tiene siete colores, pero el mundo, el Universo, tiene millones, uno por cada ser vivo. Y Robin-Rose vive en esta historia como si tal cosa, el mejor camino hacia la normalización. BRAVA.
Víctor Sánchez Rodríguez dirige con buena mano y con amor por sus personajes. Además les sitúa en medio del bosque y deja que sean ellos los que creen las discusiones y hagan avanzar la historia. Sabia decisión. 
César Camino está fabuloso. Quizá su personaje sea el menos dibujado de todos pero aún así exprime todas las opciones y logra estar de tu a tú con esas mujeres y no desaparecer bajo el torrente femenino. Vicky Luengo está impresionante en su dignidad y en su sufrimiento. Todos parecen emperrados en que esté sufriendo por su vida y sus elecciones y nada más lejos. Sufre pero por rebote ajeno, no por sí mism@. No echa de menos al padre ni sufre por ello. No soporta a su madre ni puede vivir sin ella. Se siente incomprendid@ pero no sufre por ello. Ama a su hermana y no la soporta. Esther Isla se lleva la parte más compleja y la resuelve con la sabiduría de las grandes. Lisa tiene nombre, apellido y genes yankis pero no sabe de qué lado sopla el viento. Alterna intentos de suicidios con desbarres histéricos. Busca respuestas pero tampoco tiene muy claras las preguntas.  En vez de treinta es como si tuviera catorce. Un personaje complejísimo que resuelve como si nada. 



Y la grandiosa Cristina Marcos. No sé, reconozco que no soy objetivo. La Marcos es un de esos seres que desde la primera vez que la vi, sentí que era como yo, que era parte de mí, que era yo, que yo era así. Es un portento de actriz a la que mataría por conocer porque siento que sería como mirarme en un espejo. Es más, casi me veo haciendo la "ruina romana" de "El publico" con ella. Histerias aparte, creo que está fabulosa. Consigue que las palabras broten de su boca por necesidad. Algo extremadamente difícil en una comedia. Paloma es la madre atenta pero despegada. La madre que vigila pero desde lejos. La madre que suelta pistas con cuentagotas y siempre parece que se guarda algo más. Una mujer perdida que da su vida por sus crías y que lo hace lo mejor que sabe, que es como el culo. De joven no supo qué hacer con su vida ni cómo vivirla ni defenderla. Ha madurado a brochazos, dando bandazos de un lado a otro y ahora se encuentra con unas hijas-esquejes a las que ama pero que no comprende, a las que quiere proteger pero que aleja sin querer. Una pobre víctima de un moderneo artificial, que siempre ha vivido por detrás de su vida y que no sabe hacerlo mejor. Por eso usa como comodín el impulso, por eso quiere dar una salida a los traumas de un hije sin traumas o quiere ocultar una verdad dolorosa a una hija suicida que quizá moriría al descubrir la verdad y quedarse sin argumentos para estar pallá. Un ser, en definitiva, que hace lo que puede y como puede, cagándola una y otra vez. Pues coño, a ver, normal. 



Luis Perdiguero ilumina este bosque tratando de poner luz donde hay sombras y de iluminar las zonas oscuras de esos osos montañosos. El genio Alessio Meloni ha creado un bosque que podría ser parte de un parque de atracciones o un monumento a la caravana trash. NO sabes nunca si detrás de un abeto va a aparecer Kim Novak vestida de Madeleine o un personaje de "Deliverance". Es un rinconcito rodeado de incomunicación donde se sienten arropados estos deshechos humanos. Otra obra de arte del gran Meloni. Y hablando de genios, Luismi Cobo inunda el espacio de un toque mágico e irreal. Otro derroche de uno de los mejores compositores del país.




Ay, sí, chica, a la salida me pillé el texto. Me quedé embobado con la facilidad de Lucía Carballal para crear seres vivos. Pero vivos de verdad. Y reales. Con muchas ombras, como todos nosotros y con alguna luz como lagunos de nosotros. Un trabajo emocionante, duro y desestabilizador con los sueños como caldo de cultivo y la puta realidad como catalizador.
Sencillamente IM-PRES-CIN-DI-BLE.


LAS FOTOS SON DE JAVIER NAVAL, ESTÁN EN LA WEB DE LAZONA. SI HAY ALGUN PROBLEMA EN QUE LAS USE, POR FAVOR, DECÍDMELO Y LAS CAMBIO, PERO ES QUE SON... ACOJONANTES. 

Juguetes rotos. Sala Margarita Xirgu.

El arco iris tiene siete colores, pero el mundo, el Universo, tiene millones, uno por cada ser vivo.




España vivió un retroceso bestial durante los años de la dictadura que vino tras el golpe de estado. 
Si ya entonces era un país eminentemente rural y poco dado a la modernidad, con la privación de libertades y con la desolación que deja una guerra, España tardó muchos, pero que muchos años en desperezarse. Si es que lo ha hecho.
En ese país acobardado y encerrado en sí mismo, cualquier destello de humanización, de individualidad o de defensa de lo propio era objeto de persecución y de castración. 
Aceptar al diferente es una cuenta pendiente en el mundo entero. 
Me explico; no me refiero a "aceptar", porque no hay nada que aceptar, sino obviar, no fijarse ni dar importancia a lo que nos hace especiales a cada uno de nosotros.
Sí, suena a sabido, a algo ya dicho y superado, pero ni pa dios. Yo puedo dar las gracias porque vivo en Madrid, en un barrio más o menos del centro, en un entorno cómodo en el que se asume casi todo sin cuestionarlo. A fin de cuentas siempre se ha dicho que el mundo de los actores es un mundo de putas y maricones. Pues si te sales de esa zona cómoda, incluso en muchos barrios de Madrid, en zonas más deprimidas, en barrios más duros, en manzanas más secas y en familias más ásperas el problema se multiplica. Ni te cuento en ciudades más pequeñas, o en pueblos o en familias y entornos más cerrados.
Últimamente se habla y se reivindica al otro, al raro, al distinto, al menos frecuente. Por ejemplo, ese peliculón que es "Pieles" de Eduardo Casanova, o "Una vida americana" de Lucía Carballal, o la Ópera "Escenas de caza" que ha hecho hace poquito Alberto Velasco. Y si se sigue hablando de "el otro, el infrecuente" es porque aun es necesario hacerlo. Por muy modernis que nos sintamos todos en casa.  
En la España negra del gallego (la del dictador, la de F. Franco, no la negra de ahora. O también) la tiranía circuló a sus anchas en todas partes y llegó a todos los rincones. Desde las instituciones, a la "cultura" o a los pueblos más pequeños, en los que "marcar territorio" era signo de poderío y testosterona. Porque entonces ya había manadas. Sólo que esas manadas cazaban maricones, con lo cual, todo correcto.
Mario (Nacho Guerreros) tuvo la desgracia de nacer en esa época negra de la Historia de la piel de toro y en un pueblecito. Ahí comenzó su calvario sencillamente por ser, sentir e incluso por intuirse distinto. Distinto, no diferente. Distinto a lo más frecuente, no diferente. Único y libre, no diferente. Pero ya se encargarán los demás de hacerle sentirse raro. Hasta que un encuentro fortuito le enseñará le camino de la dignidad y la valentía. Dorín (Kike Guaza) será su hada madrina y su ángel de la guarda.



Conozco a gente que vivió eso mismo y de corazón creo que sus vidas han sido de las más maltratadas de esta nuestra sociedad muda, la que no quería mirara hacia Europa porque daba yuyu y prefería dar la espalda y vivir cara al sol. Ser señalado es duro, te convierte en carne de cañón. Pero serlo en los años más duros e incultos de un país atemorizado y atenazado te convertía directamente en el cordero destinado al sacrificio.
Lo más valioso, al menos para mí, es la sensibilidad, la dulzura y el RESPETO desde donde trabajan Carolina Román, tanto en la dramaturgia como en la dirección y Nacho Guerreros y Kike Guaza dando la cara y prestando sus cuerpos a estos seres heridos, supervivientes, luchadores y arrinconados. Bravo a los tres por trabajar desde el respeto absoluto, la admiración y la delicadeza, sosteniendo sus trabajos en el matiz, en la pincelada delicada y mínima y huyendo de brochazos gordos o lugares comunes. Un trabajo delicado, delicioso, amoroso y buscando siempre la dignidad. Es un prodigio ver un nivel tan grande de compromiso con los seres humanos.
El texto de Carolina Román es brillante, bello y con un lirismo doloroso y nada afectado ni edulcorado. Trabaja desde la comprensión y desde el lugar del otro. Comprendiendo y asumiendo. 
SPOILER
Vale, sí, es posible que la parte del pueblo sea quizá demasiado larga si la comparamos con la parte de Barna y puede que la enfermedad de Dorín sólo esté esbozada y sea algo precipitada, pero esos detalles son pecata minuta si lo que tenemos es un análisis del drama de los oprimidos como este que tenemos. 



Nacho Guerreros y Kike Guaza brillan desde dos polos complementarios y casi opuestos.
Mario es el detalle, el matiz, el acento preciso y la mano a la altura justa. Kike en cambio es el desparrame, el exceso, pero el exceso justo. Hace creíble y reconocible todo lo que hace. Ambos brillan como dos estrellas sobre todo por trabajar desde el amor a sus personajes (sí, incluso a los chungos) para evitar caricaturas. Impactantes los dos en sus registros y en su acercamiento a un mundo delicado y respetable. 

Alessio Meloni y David Picazo son dos seres tocados por la musa. Lo he dicho y lo repetiré toda la vida. Su trabajo aquí va muy ligado, por eso necesito mencionar sus nombres juntos. Luz y escenografía van tan de la mano como el curro de Kike y de Nacho. Porque ese muro de jaulas todas con las puertecitas abiertas de Alessio no se entiende sin las luces y las sombras de David. Esas jaulas tienen las puertecitas abiertas. Porque de las jaulas se puede salir, sólo hay que encontrar la salida. Y David ilumina a los seres humanos y llena de sombras sus dramas. Porque iluminar es crear luz pero también crear sombras. Y las sombras, como la luz, son de muchos tipos. Hay sombras más o menos oscuras, más o menos negras y más o menos brillantes. Y el muro de jaulas es el rincón perfecto para que a Mario le caigan encima plumas mientras sufre su primera violación. Esa imagen icónica es impactante, duele, escuece y te hace revolverte en tu conciencia y en tu butaca. Asombrosos trabajos. GRACIAS.   
  

Por cierto, debo decirlo por justicia. La primera y la tercera fotacas que he puesto para ilustrar este texto son de José Antonio Alba, que no sólo escribe como los ángeles, sino que hace fotos como estas, pura maravilla.

Pasan los años, F. Franco no está, pero las agresiones homófobas y no te digo ya los actos de violencia en los que las víctimas son trans, suben como la espuma. Supongo que porque la crisis, la necesidad, el mal rollo social nos vuelve perros, saca lo peor que somos y nos hace culpar de nuestro paro y de nuestra falta de futuro y de horizonte al distinto, al raro, al que creemos débil. Pero la única forma de que exista un futuro es ensanchando horizontes y elevando la mirada para ver los ojos del de al lado. Si miras hacia abajo, hacia el suelo, y te ocultas y no miras al cielo, sólo verás mierda.

sábado, 3 de febrero de 2018

La danza

Soy un asiduo espectador de espectáculos de danza. Afortunadamente en Madrid hay ocasiones de ver danza. Es evidente que debería haber muchísimos más. Pero algo hay. 
Siempre he pensado que cualquier expresión artística tiene que nacer de una necesidad. Bailar, cantar, hacer acrobacias, vivir en las palabras de otro... son actos antinaturales. Como seres humanos, nuestro código de comunicación es otro, más terrenal, más carnal, más cercano y más basicote. Comunicar cantando, bailando, tocando un instrumento es... raro. No es lo habitual. 
A ver si me explico. 
Actores, directores, escenógrafos, coreógrafos, iluminadores, vestuaristas, todos las partes vitales de un espectáculo necesitan una preparación, un planteamiento previo, a veces hasta unos estudios y siempre mucho, mucho, mucho trabajo previo. Pero músicos, cantantes, malabaristas, acróbatas, funambulistas, y bailarines NECESITAN una preparación muchísimo más exigente, continua y rigurosa. Años y años y años y años de curro en silencio, llevando su cuerpo al límite para ofrecernos algo único y especial. Nos regalan lo que los demás NO PODEMOS hacer. Eso nos fascina (o me fascina) de la música, del circo, del canto y de la danza. Que veo a gente hacer cosas extremas que yo jamás sería capaz de hacer. Son seres especiales. Hacen cosas especiales. Tocan fibras especiales. ¿O es que hay alguien que no haya roto a llorar escuchando un aria en concreto, o un solo de violonchelo, o viendo a un acróbata haciendo un numerazo en el mástil chino, o viendo bailar el paso a dos de "Espartaco"?
Todo ese trabajo duro, sordo, anónimo y gratuito de estos artistas no trasciende, es algo que parece que damos por hecho. Y sólo eso es de quitarse el sombrero y admirar de por vida. Son gente que sacrifican su entrenamiento y llevan su cuerpo al límite para regalarnos belleza. 
Ese es el estado previo, el trabajo anterior. Luego viene en encuentro con el público. Si un autor, un director y un actor sienten la NECESIDAD de compartir y de que su voz sea escuchada y mirada por los otros, estos dioses con más motivo, puesto que su lenguaje además, es antinatural. ¿O no es antinatural cantar "Amore" durante cinco minutos? Antinatural pero primario. primitivo, impulsivo, racial. Quizá de las primeras cosas que uno hace sean bailar ( o moverse según siente los ruidos, la música y los estímulos externos) o intentar gritar, llorar y soltar la voz, o tratar de seguir un ritmo y producir sonidos armónicos con el sonajero o con un palo. 

En esta reflexión en voz alta quiero ceñirme a la danza. Porque en estos días he tenido el honor de disfrutar de tres espectáculos y tres concepciones distintas de lo que es, de dónde nace y de a dónde quiere llegar la danza. 
Los tres espectáculos nacen de una necesidad extrema de compartir dolor y asfixia. Y digo necesidad, de necesidad, del verbo necesidad. De que si no, te mueres.



Chevi Muraday y Paloma Sáinz-Aja necesitaban dar luz a las palabras de Paco Tomás. No hablo de la luz mágica y estremecedora de David Picazo, sino de sacar de la tumba a esos dos seres medio muertos, vengativos, necesitados el uno del otro, crueles, débiles, heridos y putrefactos. Si Chevi siempre baila porque no le cabe el cuerpo en el cuerpo, en esta ocasión ha arriesgado te diría que su serenidad para meterse en la piel de un moribundo, de un cadáver becketiano. Y lo ha hecho por pura necesidad. Porque no se puede vivir con eso dentro. Por eso hay que bailarlo. Y Chevi lo baila y lo llora. 



Sharon Fridman en "All ways" necesita hablar en voz alta. Necesita decirnos que hay salida, que si sueñas y vuelas te puedes liberar. Que a pesar de todo lo que se cruce en tu camino, si miras al frente, respiras y confías, llegarás. Por eso desnuda a un puñado de seres perfectos y celestiales. Cuerpos bellos, desnudos, libres, con el morbo de una estatua clásica y la piel al aire, buscando horizontes. Por eso Melania Olcina, ese ser puro, transparente y frágil sonríe, cierra los ojos y danza como si estuviera poseída, como si bailara hipnotizada y en éxtasis. Por eso su sonrisa regala paz. Por eso salimos flotando y sintiendo que en el fondo la vida en bella. 
La CND es un debilidad que tengo, eso es sabido. En Kamikaze han vuelto a colgar el cartel de NO HAY ENTRADAS (igual que Chevi y que Sharon, cuidado). Cada vez que actúan demuestran que a la gente le gusta la danza, que la gente quiere ver danza, que cuando hay danza se agotan las entradas. Por dios, que alguien se entere. ¡LA DANZA LLENA! 
Aparte de que la CND necesita y merece urgentemente una sede, un teatro donde puedan bailar todos los días, no sé, Albéniz, Teatro de Madrid, Matadero..., la Compañía Nacional de Danza baila porque lo necesita. Porque el grupo de bailarines jóvenes que acaban de entrar en la compañía necesitan bailar. Porque si no las compartes, hay cosas que se enquistan. Porque los humanos necesitamos ver y sentir a Mar, a Aleix, a Seh, a Aída, a Isaac, a Elisabet, a Esteban, a Daan, a Anthony, a Cristina, a Álvaro, a Agnés, a Yanier...  
El programa, aparte de repasar en sala varios trabajos habituales (como los sobrehumanos "Passing time" o "Polvo eres" de Juan Carlos Santamaría con unos Aída Badía y Erez Ilan grandiosos) presentaron varias coreos nuevas y prometedoras, como "Jián", "Odila", "Triple Bach" o "Absolutio". Cuatro maravillas. 



En el ambigú del Kamikaze bailaron Agnés López e Isaac Montllor "Elogio del caminar". La verdad es que decir "bailaron" es falso. Isaac y Agnés no bailan. Viven. Ellos dos son el ejemplo perfecto de la necesidad. Bailan, danzan, respiran, miran, sufren, lloran, sonríen y viven por necesidad. La pieza es una auténtica maravilla de orfebrería fina, pequeña y delicada. Y ellos dos están tan llenos de dolor, de confusión, de búsqueda y de dependencia que necesitan que salga. Y sale danzando, dejando que el cuerpo lo exprese. Su necesidad se hace movimiento y su mirada se inunda de emoción. Porque los dos bailan con todo, bailan con el cuerpo, bailan con la mirada, esa mirada llena y pesada que taladra, bailan con su respiración, bailan con el aire que les rodea, bailan con el cosmos y bailan porque lo necesitan. Y a mí particularmente me llevan a sitios fabulosos e íntimos. Me dan ganas de saltar y abrazarles y revolcarme y dejar que mi cuerpo hable también (obviamente no como ellos, yo sería más bien el saco de patatas revolconas y sin gracia). Contagian lo que sienten, porque lo que sienten se les escapa por los poros y necesitan regalarlo. Ellos dos demuestran que las manos son el final del brazo, no una parte que va después de la muñeca. Y demuestran que bailar es lo que hay entre movimiento y movimiento. Los pasos son los pasos, pero bailar es lo de en medio. 

Lloré con Melania, lloré con Chevi (como siempre) y lloré con Agnés y con Isaac. Porque cuando estos seres sacrificados, incomprendidos, maltratados y olvidados nos regalan su necesidad de explotar, uno sólo puede abrirse, dejarse hacer, dejarse querer, dejarse herir y echarse a llorar ante tanta belleza. 

Los bailarines (o la gente que se expresa bailando) son seres especiales y sacrificados. Lo que hacen es único. Así que, señores que mandan y que programan, cuiden un poco más a estos currantes. Ellos se mueren creando belleza y nos la regalan. Y eso nos hace mejores.
Más danza, por dios.       


   

lunes, 29 de enero de 2018

Beatriz Galindo en Estocolmo. Sala de la Princesa.

No se debe confundir el propósito de un espectáculo, el por qué de su origen ni su pretensión con la valoración de su resultado. 



"Beatriz Galindo en Estocolmo" es un encargo de Ernesto Caballero a Blanca Baltés, autora de este texto, para intentar reivindicar la figura de las mujeres de la Generación del 27. Quizá ahí radique el punto débil. Es un encargo, del que puedes enamorarte y poner en él toda tu pasión y sabiduría, pero que NO nace de una necesidad. No es esa tenga que ser una condición indispensable, pero sí ayuda a que el resultado sea febril y que lleve un trozo de tu alma.  
Blanca Baltés ha escrito un texto en el que efectivamente reivindica a todas aquellas mujeres no sólo olvidadas sino directamente silenciadas, mutiladas de la historia. Jamás existieron. O fueron puteadas y muteadas. Las mujeres siempre han sido peligrosas, por supuesto las educadas más y las creadoras ni te cuento. Un polvorín que ponía (y pone) en peligro la supremacía de la testosterona. Y eso da mucho miedito. Mejor seguir explotando el cuento de la superioridad, de la cocina, del gen distinto y que la Historia y la cultura la vayan formando los tíos, que por supuesto son los que mandan y por tanto los que deciden.    

Este mensaje y este propósito son indudablemente incuestionables y cualquiera con dos dedos de frente reconocerá que una injusticia tan flagrante como esta necesitaba y merecía un resarcimiento a la altura del atropello. Desgraciadamente la intención queda por debajo del resultado y el texto se convierte en un listado de nombres, datos y anécdotas sacadas de wikipedia con menos calado del deseado.   
El hilo conductor de la historia es el supuesto rodaje de una película dirigida por otra injusta olvidada, Concha Méndez . Este juego teatral es lo más interesante porque permite jugar con la ficción y la realidad y hacer más ágil tanto el trasiego de personajes como de anécdotas. Este punto sí funciona y le da una agilidad que contrarresta la pesadumbre del resto del texto. Quizá se podría haber optado por no intentar nombrar a tanta gente ni tantos datos e intentar crear una historia directamente ficticia que ejemplarizara y lograra el mismo objetivo pero sin convertirse en un artículo enciclopédico. 
Carlos Fernández de Castro tiene un extensísimo currículum y demuestra maestría jugando con los elementos que tiene. Mueve y dinamiza bien al elenco y saca partido de todo lo que tiene de su parte.   
Carmen Gutiérrez es Isabel Oyarzábal, defensora de la república y primera embajadora española. Su destino: Estocolmo.  Escritora , diplomática, actriz, periodista... una mujer increíble y totalmente desconocida. Eligió como seudónimo, Beatriz Galindo, escritora y humanista del siglo XV, más conocida como La Latina. La figura de Isabel es bestial, una mujer desconocida en la historia de España y de su cultura. Borrada directamente del mapa. Carmen Gutiérrez convierte le personaje en una mujer algo mal encarada, soberbia y antipática. Tiene una dicción limpísima pero afectada y una forma de actuar artificiosa. Algo más naturales están Ana Cerdeiriña y Gloria Vega aunque también están en un sitio algo afectado y poco natural. Eva Higueras sin embargo sí está más relajada y siente sus papeles desde otro sitio más real y vivo.



Y Chupi  Llorente vuelve a demostrar que es una actriz de raza y seguridad. Chupi lleva haciendo teatro y viviendo el teatro 30 años y eso se nota en su forma de pisar el escenario y de exprimir al máximo todos los recursos que un personaje como Concha Méndez pone a su disposición. Chupi es sólida, viva, crea un personaje cercano, con fondo, un ser vivo con brillo propio y con un dominio de la voz y de la expresión bestiales. Es sin duda, un pedazo de actriz integral que merece un papelón a su altura en teatro importante en la sala grande. 

Así que... id a ver este espectáculo necesario que realmente tiene el mérito de poner en su sitio a todas estas heroínas capadas. Es obligación de todos el intentar devolverles su pasado robado y poner a todas estas mujeres en el lugar de la historia que les corresponde. Para eso lo primero es conocer su vida y obra.  En ese sentido es casi obligado ir a ver este espectáculo. Aunque el texto no consiga volar a la altura que merecen esas mujeres, esas creadoras, pensadoras y artistas.    

Hablar por hablar. Teatro Bellas Artes

El mundo de la soledad, del recuerdo y de la "necesidad del otro" son terrenos fértiles para la producción artística. Es como si el dolor y lo chungo fueran más productivos o como si de esa negrura salieran experiencias más atractivas. O puede que nos guste y alivie ver sufrir un poquito a los demás porque así tal vez logremos relativizar nuestras sombras.



Hace mucho que no soy un asiduo oyente de radio. Pero en mi niñez, adolescencia y primera juventud era constante la necesidad de escuchar voces, de poner algo de suelo firme bajo mis pies inquietos y débiles.
Las radionovelas, los seriales, los programas de peticiones musicales (a los que escribía insistentemente para que pusieran esas canciones con las que me hartaba de llorar y que nunca conseguía grabar enteras), y sobre todo... el quedarte dormido con el transistor traído de Andorra, de Canarias o comprado en los decomisos de Arenal pegado a la oreja.
En esos programas nocturnos recuerdo haber escuchado historias sórdidas, muchísimas soledades compartidas y a muchísima gente tan sola como me sentía yo buscando sencillamente una voz amiga que te dijera que todo tenía solución. De noche todo es mucho más tremendo. Los amores y los temores. Los miedos y las penas. Es el tiempo mágico e irreal en el que todo puede pasar. En el que lo malo parece peor pero a la vez más etéreo y lo bueno parece eterno y mágico. Es el tiempo en el que una ciudad entera se vuelca en buscar a ese chico perdido necesitado de ayuda. Es el tiempo en el que la joven busca al padre de su hijo, el solitario suelta sus quejas al viento, es el tiempo en el que las parejas rompen, buscan y encuentran. Es el tiempo en el que un enfermo pide un abrazo. Es el tiempo de las necesidades sin vergüenza y de las carencias disparadas y valientes.

Una voz en la oscuridad, una voz anónima sencillamente suelta tópicos y habla desde el corazón edulcorado que a veces todos necesitamos. Sin más. Calorcito, abrazos y azúcar. Y que cualquiera, sea quien sea, da igual, nos diga que tranquilos, que todo va a pasar.
Eso exactamente es lo que te vas a encontrar en el Teatro Bellas Artes. El calor de la radio. De la radio nocturna. De la radio de las llamadas pidiendo socorro. Historias no demasiado especiales, no demasiado ruidosas, no demasiado trágicas pero REALES. Historias sinceras como las que todos hemos escuchado en esos programas nocturnos de identidades en sombra y necesidades desbocadas y amargas.



Y poco más. Amor, respeto, sencillez y honestidad. Una puesta en escena sencilla y respetuosa, un texto medido con gran ritmo y una progresión emocional preciosa. Y sobre todo, un puñado de actores reales, de carne y hueso. Seres vivos con emociones enquistadas.
El texto lo han escrito un puñado de seres privilegiados, unos maestros incuestionables. Sanzol, Juan Carlos Rubio, Yolanda García Serrano, Ana R. Costa y Juan Cavestany. Casi nada. Y lo ha dirigido Fernando Sánchez Cabezudo. Pues eso. Punto. Calidad asegurada. El equipo técnico de tirar cohetes. Con unas luces de David Picazo de cagarte por las patas, como suele ser habitual en él.
Y dando la cara, compartiendo las voces y regalando sus emociones, Pepa Zaragoza, Antonio Gil y tres seres estremecedores: Samuel Viyuela, un actor que SIEMPRE te roba el alma, SIEMPRE está perfecto y SIEMPRE hace que te enamores de él.  Carolina Yuste, una actriz fascinante que nunca falla, ya sea trabajando con LaJovenCompañía, siendo Cleopatra o incluso en medio de aquel desaguisado que fue "Séneca". Tiene brillo, carisma, una voz bellísima y una presencia aplastante. Y Ángeles Martín. Es conocida mi debilidad por esta fiera escénica. Pero es que es para rendirte a sus pies cada vez que pisa un escenario. Tiene un dominio de las emociones y una capacidad de transmitirlas asombrosa. Te lleva por donde quiere, y su carisma brutal y arrollador hacen que simpatices con ella nada más verla. Es una auténtica fiera escénica que algún día recibirá el papelón que se merece; un drama de estos de cagarte donde despliegue todo su arte y las masas caigan rendidas ante tantísimo talento.



Corran a ver "Hablar por hablar". Bueno, no, mejor vayan pero despacito, con tiempo, relájense en su butaca y déjense llevar por las voces de la noche, por los dramas cotidianos y reconocibles. Y por un puñado de actores empáticos, simpáticos y tan solitarios como cualquiera de nosotros en una noche fría.       

domingo, 28 de enero de 2018

Maruxa. Teatro de la Zarzuela.

"Maruxa" es una sencilla historia de amor entre dos pastores en los montes de Galicia. Sin más.
Como todos los libretos, este de Luis Pascual Frutos, puedes cogerlo,manipularlo, menearlo y llevarlo a donde quieras llevarlo siempre que mantenga la coherencia y un objetivo claro. Y es lo suyo, porque hacer una historia de pastorcillos, marqueses malotes, ovejas y zagalas hoy en día resultaría viejuno.



Esta "Maruxa" es un híbrido con zonas prodigiosas y otras oscuras. 
José Miguel Pérez-Sierra consigue notas preciosas de la ORCAM aunque quizá a la partitura le falte un pellizco de tensión, un crescendo dramático más afinado. Musicalmente la ORCAM suena de miedo y el maestro cumple con su parte, consiguiendo uno de los puntos fuertes de esta producción. 
El coro también suena con peso y con mucho empaque. Mejor que muchas veces; quizá por no tener que estar pendientes de coreografías en las que se les nota incómodos. Especialmente a algunas cantantes/funcionarias a las que a veces se les nota que sienten muy poquita implicación con su trabajo. Afortunadamente son casos aislados y no ocurre así en esta ocasión. En esta "Maruxa" están tod@s brillantes y sólid@s.
Me resulta imposible separar las voces de las interpretaciones, así que hablaré primero de la propuesta escénica y la enlazaré con mi visión del trabajo de los intérpretes. 
Figuración de auténtico lujo. Eso es un seguro y un acierto total. Contar con actrices y actores tan importantes como Rosalía Castro, Nerea Moreno, Agus Ruiz o Álex Larumbe entre otros es un lujazo para cualquier producción. BRAVO todos ellos. 



Paco Azorín es un gran escenógrafo. Sin embargo creo que como director de escena no alcanza las mismas cotas. En esta ocasión ha decidido arrancar con la coartada de las palabras de Rosalía de Castro. Es como si hubiese querido tener un colchón incuestionable. Las palabras de Rosalía son bellísimas e inmortales. Cierto. Pero juntar tópicos siempre es arriesgado. Hablar de Galicia y usar a Rosalía está bien. Pero hablar de Galicia y usar los desastres marítimos es jugar al riesgo. 
Azorín intenta actualizar la trama de "Maruxa" y traerla no al presente sino al año 76. Sus razones tendrá, supongo que sí. Aunque yo lo que veo es que es una excusa para poner imágenes en las que los malos sean Franco, "la collares" y gente lejana e inocua. Si en vez de Azorín lo hubiera dirigido yo, habría acercado más la acción a la actualidad y habría utilizado imágenes del "Prestige", aunque claro, eso hubiera supuesto haber sacado a M. Rajoy , los hilitos y cosas quizá más peligrosas para según quién. Claro que yo creo que soy más macarra que Azorín o quizá simplemente no me juego nada. Desde 1970 ha habido cinco grandes desastres navales en las costas gallegas.
La verdad es que no sólo no me gusta que se use el hundimiento del Urquiola en vez del Prestige ( o incluso del Polycomander, otro petrolero hundido que yo recuerdo haber ido a ver y del que conservo alguna foto). Creo que el uso de esta "anécdota" para situar a "los malos" despista, aleja y no aporta mucho, aparte de una estética fría, un vestuario gris y poco más. Bueno, menos los monos de los voluntarios que limpian el chapapote, más propios del "Prestige" que del "Urquiola", aunque claro, parece que lo que se busca es el efecto, no la coherencia y sacar a los lugareños con los monos del "Prestige" es más efectivo. Siempre hablo de mis gustos y opiniones personales.   
La trama es sencilla: dos pastores descubren que lo que sienten es amor ( y deseo) pero se van a dar de morros con el capricho de la señorona rica de la zona, que se encapricha del zagal y decide hacerse con él, pasando de la pastorcilla y de su amor sincero, natural y bucólico. Un señor del pueblo, impide el plan de la loba y ayuda a que los pastores vivan su amor tranquilos y en paz.  
La parte de los malvados es la que se desarrolla en las salas de juntas de la petrolera y de la que acabo de hablar. Sin embargo, al primar este escenario sobre el otro, ha dejado a los pobres pastores amándose en medio de una estructura incómoda y en la que resulta difícil salir airoso. Hay momentos en los que Pablo, por ejemplo, aparece por un lateral, se tumba, se levanta y se va. Y ya. Y tanto Maruxa como Pablo tienen que retozar, brincar y perseguirse por una plataforma incómoda que creo que asemeja un tejado de pizarra. La pobre Maite Alberola va brincando como Heidi por ese tejado, como si la naturaleza de una pastora fuera el brinco. Pablo, Rodrigo Esteves hace lo que le han marcado; se tumba, se levanta, corre, se acerca, se aleja, se tumba y se levanta. 



Maite Alberola canta como dios. Tiene una voz no demasiado personal ni especialmente bella pero canta fácil, aunque parece que tiene que apretar demasiado en diafragma para algunos agudos. El rol lo canta con la gorra y no creo que le suponga ninguna dificultad. Pero su resultado se ve lastrado por una dirección escénica que hace que esté brincando como una colegiala de acá para allá y que resta dimensión a un personaje ya de por sí psicológicamente justito. Algo así le sucede a Rodrigo Esteves, que tiene una voz importantísima, con un bonito timbre y un gran dominio. Pero tener que entrar, tumbarse, levantarse, volver a tumbarse y así hasta el infinito, tampoco le ayuda nada. Carlos Fidalgo sale mejor parado, gracias a que tampoco tiene marcados demasiados desmanes escénicos y Simón Orfila sí consigue estar realmente espectacular. Tiene una voz prodigiosa y una dicción PER-FEC-TA. Escénicamente se lleva la mejor parte y sus salidas y entradas por el patio le ayudan a quitar peso y densidad. Le rebajan estatismo y eso le viene divino. Grandísima y más que merecida ovación. Svetla Krasteva estrenó el rol de Rosa al enfermar la titular del primer reparto. Su rendimiento escénico fue correcto y a pesar de tener que defender un papel antipático y algo incómodo de llevar con soltura en el escenario, fue en el aspecto vocal en el que demostró unas lagunas tremendas. Parecía no saberse bien el papel. Literalmente NO cantó todas las palabras escritas y además tiene la voz colocada en un sitio extraño. No sé muy bien qué le sucede pero aparte de no soltar la voz más que en los agudos (que sí, los da, pero con gran esfuerzo y por los pelos, o al menos eso parece), es como si cantase hacia dentro, no se le oye lo que canta. Pero no por falta de emisión, que también, sino porque parece que emite con sordina. Y además se produce en ella un efecto extraño. Os propongo un reto a los que vayáis a verla estos días. No se le oyen las consonantes. Si le miras con detenimiento a la boca, obviamente las pronuncia, se distinguen las labiales, las fricativas, etc... pero no se oyen. Si canta "Amor mío" yo sólo oía "Aaaoooíííooo". Es como si tuviera la voz colocada en un sitio y utilizara un resonador extraño que hiciera que se pierda sonoridad y emisión. Escénicamente salvó el rol pero vocalmente estuvo lejos de ofrecernos una gran noche. 
Y brillante María Cabeza de Vaca danzando como una Galicia doliente y sufrida. Magistral. 
Feote el vestuario de Anna Güell. Puede que funcione en los malotes y en la figuración, pero no me gustaron ni el anacronismo de los monos ni el vestuario de Maruxa, que parecía más una girl scout o un miembro de los jóvenes castores que una pastora protagonista. 
En resumen, este es un gran espectáculo, sólido y bien armado. El elenco brilla por tener unas voces prodigiosas y por defender unos personajes limitados y básicos. En ese sentido son sin duda lo mejor, con una grandísima calidad y eso, unido a la gran labor del coro y a la maravillosa dirección musical, hacen que merezca la pena de lejos ir a la Zarzuela. Eso sí, con una dirección escénica que presenta a los poderosos como malos, perros y crueles pero contando por un lado con la coartada de usar a Rosalía de Castro para dar autenticidad a una imagen de Galicia rara y por otro lado de elegir las referencias (algunas, los monos y el chapapote no) que alejan esta imagen de malosos de M. Rajoy y de sus secuaces. A cambio nos ponen a Franco y a la collares como petroleros mayores y villanos indiscutibles. Planteamiento escénico que a mí no me funcionó y movimiento escénico correcto en la grandiosa figuración y errónea en los roles protagonistas. 
Es que es jodido llevar estos trabajos de amor pastoriles y simplones al año 76 y que quede coherente. Pero claro, Manolete, Manolete...

Un diez para los cantantes y actores protagonistas, actores sin texto, coro, músicos y director musical. Sólo por eso... ¡¡todos a la Zarzuela!!  



Insisto en lo que digo siempre; esat es MI opinión única e intransferible. He contado MI experiencia. Ni pretendo sentar cátedra ni lo que digo tiene mayor importancia que la de una simple opinión más. Y como siempre, lo mejor es que vayáis vosotros al teatro y que lo viváis en vuestras carnes. Esa siempre será la mejor experiencia.          

domingo, 21 de enero de 2018

Lo(r)ca. Nave 73

Barak Ben-David se metió hace un tiempo en un berenjenal de esos de los que es difícil salir airoso. A no ser que lo que hagas sea destripar los textos de Lorca, exprimirlos, quitarles capas, ponérselas, cambiárselas, entrelazarlas, ponerles pantalón y dotarles de una perspectiva nueva, rica y colorida.
Es obvio que los personajes femeninos de Federico corresponden a una época concreta y que su dimensión dramática es profunda si los sitúas en su momento y lugar. No es lo mismo lo que podría sentir una mujer que no consigue quedarse embarazada en los años 30 que ahora. Ni por supuesto, es igual que lo que puede sentir un hombre HOY por no poder adoptar un hijo. La llamada de la naturaleza es brutal. Y Barak ha conseguido trasladar los dramas y mogollones de varias mujeres lorquianas (palabra que cada vez da más repelús) a los cuerpos y mentes de hombres. De hombres de hoy en día. Y funciona. Vamos, no es que funciona sino que consigue dotar a esos textos de una dimensión bestial y coherente sin que eches en falta nada. Los dramas humanos son dramas humanos y todos los seres somos iguales en lo que sentimos. Al menos en nuestra potencia para sentir. 



Por eso mismo Adela, Martirio, la novia, Doña Rosita o Yerma pueden ser y de hecho SON hombres y no sólo no rechina nada sino que abre horizontes. Y los horizontes siempre son buenos.
Hombres sufriendo los dolores de las mujeres de Federico. Y hombres gays. España es afortunada. Vivimos en una sociedad bastante avanzada en el tema de la normalización de las opciones. Con todo y con eso, somos muy modernis pero sigue habiendo agresiones a todas horas. Nazis, descerebrado, machirulos y peña con necesidad de tenerla mas grande que los demás. Ni te cuento en el resto del mundo, en países muy cercanos, en África, en Asia, o en pueblos pequeños de nuestra querida y remacha piel de toro. Otra dimensión más a añadir a las que tiene este espectáculo.    

El punto de partida de este montaje según yo lo sentí, es el respeto, la honestidad  y el riesgo. Respeto por Federico, por sus palabras y por su intención. Honestidad al plantear un universo distinto e igualmente sincero, doloroso y profundo que el que supuestamente planteaba Federico. Se me ocurre una cosa: ¿si no hubieran asesinado a Federico, habría representado alguna vez sus obras interpretadas por actores, por hombres? Yo me juego un brazo a que sí. Porque es evidente que los dramones que viven sus personajes son universales, no tienen género ni sexo. Y riesgo al adueñarse de unos textos "sagrados" (si queréis podéis leer AQUÍ mis reflexiones sobre Lorca y "lo esperado") y hacer con ellos los que Lorca habría hecho. Directamente apropiarse de ellos, despojarlos de mitos y pudores y llevarlos al sitio donde para ti tienen sentido. 

Visualmente la propuesta es vigorosa, con una iluminación fabulosa y un movimiento escénico brillante. La dramaturgia funciona a la perfección: tanto el texto en sí tal y como está remozado, removido, remezclado y transitado como su concepción escénica son sólidas y muy, muy emocionantes. El ritmo está perfectamente medido y el drama avanza con paso firme incluso con los intermedios desoladores. Doña Rosita navega como si de un despojo humano se tratase, de un lado para otro, buscando su sitio. Y su sitio es todos.

El ramillete de actores que dan vida a estos hombres es de ensueño. 
Raúl Pulido, Jorge Gonzalo, Javier Prieto y un inconmensurable Juan Caballero reviven las palabras de Rosita, de Adela, de la novia, de Yerma, de Martirio... Los cuatro son guapos de caerte de espaldas, bellos y atractivos, simpáticos y empáticos. Circulan del odio al dolor, a la luna, a la risa, al gozo y a la muerte con naturalidad y un desparpajo asombrosos. Son jóvenes, bellos y llenos de solidez en escena. Son pesos pesados y seguros. Personalmente, y por sacar punta, destacaría a Jorge Gonzalo por dar vida a las palabras de Rosita. Quizá el personaje más difícil de encajar en este entramado. Y Jorge logra revivir unas de las más bellas palabras escritas jamás como si nacieran de una necesidad. 
Y Juan Caballero. De Juan llevo tiempo diciendo que es de los mejores actores de su tiempo. Haga lo que haga ves en escena a seres vivos. Juan no fabrica emociones ni las busca, sino que deja que nazcan. Mira a sus compañeros y abre los poros. Por ahí le entran las emociones que le mueven y que dan vida a sus palabras. Nada es fingido, todo en Juan es real, actual, vivo y necesario. Por eso viaja de Martirio a Yerma como si tal cosa.



En definitiva, un espectáculo vivo, vigoroso y doliente. Una gran dramaturgia, una dirección brillante, iluminada, vestida y con unas imágenes fabulosas y con un puñado de actorazos prodigiosos que consiguen que revivan las tragedias de estos personajes como si de forma natural fueran masculinos. Y es que a lo mejor lo eran. O lo son. O lo serán.