sábado, 23 de noviembre de 2013

Tomás Moro, una utopía. Fernán Gómez.

Pues por muy de Shakespeare que sea el texto, a mí me pareció un auténtico ladrillo. Aburrido, simplón, sin ninguna progresión, dramáticamente pobre y sobre todo, pesadísimo.
También es que el escenario del Fernán Gómez es muy desagradecido. Siempre parece todo como pequeñito, no hay quien llene ese escenario, y los problemas de acústica son tremendos. lo malo es que sí ha habido quien ha llenado el escenario, a quien se ha oído bien y quien ha hecho grandes cosas allí, así que tampoco será problema de la sala. Aunque es desagradecida.



La dirección me pareció simplista y sin ninguna gracia ni toque especial. Ritmo regulero, algo monocorde y sin mucha progresión ni cada escena en sí misma ni en el conjunto. Demasiado frío todo y como "sin alma". Vamos, una puesta en escena normalita, con unas luces sosas y un ritmo poco adecuado.
Los actores... muy desiguales. Ángel Ruiz, sin duda el mejor, vuelve a repetir esquemas ya vistos, no sé si por decisión propia o por sugerencia de la directora. Tanta pluma ya cansa y aunque cante muy bien, también está un poco fuera de lugar su cancioncilla en inglés. Del resto, desiguales, los hay ligeramente mejores y los hay bastante peores, así que mejor no señalo a nadie.
Y José Luis Patiño a mí es que no me gustó. Reconozco que se lo curra, que está voluntarioso y que intenta hacer muchas cosas. Pero ese tic de mordisquearse el labio antes de cada frase me parece un vicio, y luego, cuando está relajado y más feliz me recuerda a Antonio Ozores. Lo siento, es cosa mía, pero me lo recuerda. Y cuando está más trágico, tampoco me gusta porque empieza con una cantinela que acentúa siempre la penúltima sílaba. Dice todas las frases con el mismo toniquete que suena como si fuera de Rentería.  
Todo esto unido a que me agarré un trancazo que ni te cuento... no hicieron la velada muy agradable, la verdad.

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