lunes, 3 de junio de 2013

Afectos. La Abadía.

Mira, yo no tengo ni idea de flamenco, solo sé que me gusta. Así que poco comentario puedo hacer. Pero lo que vimos el otro día se merece una entrada en mi blog porque fue alucinante.



Ya de entrada te sale un señor, Pablo Martín tocando el contrabajo como si fuera una guitarra española. Y lo flipas. Pero es que luego aparece Rocío Molina al baile y te quieres morir del gusto. Insisto en que no tengo ni idea, pero yo veía a una chica haciendo una mezcla de flamenco con danza contemporánea, sí, así como te lo cuento y flipabamos todos más aún. Y no contentos con eso, se pone a cantar Rosario "la Tremendita", con esa voz que le sale de donde yo te diga, y se abre el cielo. Yo no he visto cosa más racial y a la vez más cosmopolita, o vanguardista si me apuras. Rocío Molina es un auténtico prodigio de la naturaleza. Hace lo que le sale del moño y todo lo hace con un arte, una garra y una belleza que no das crédito. Se deja el alma y las piernas y sólo quieres que siga bailando lo que le de la gana horas y horas. Y Rosario "la Tremendita" canta que te rompe el alma. Mejor dicho, te la hurga, te la resquebraja y luego te ahonda en ella para dejarte una semilla de arte y belleza como no he sentido en la vida. Encima todo envuelto en un espacio precioso, con unas luces brutales y un vestuario preciso y expresivo.
Y no me lo invento yo, es que cuando desgraciadamente terminaron, TODA la sala se puso en pie a gritar "bravo" como posesos. Pos eso, unas genias. Y si no, al tiempo.

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