viernes, 7 de junio de 2013

La noche toledana. Pavón.

El teatro Pavón tiene un problema. Algo pasa con su acústica y las voces graves se quedan encajonadas y no salen proyectadas. Me imagino que en las últimas filas tendrán problemas para oír en condiciones. Incluso le pasaba a Blanca Portillo en "La vida es sueño". Evidentemente no tiene ningún problema con su voz ni con su técnica. Pero por algo, se quedaba encajonada. Y el otro día volví a notarlo. Ninguno de los componentes de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico tiene problemas de proyección, pero el sonido se quedaba ahí metido, sobre todo el pobre Francisco Ortiz, que lo hace de maravilla, es guapo pa rabiar, buenísimo actor con mil recursos, pero que se le quedaba el vozarrón ahí metido. Eso por sacarle una falta a la sala, no al actor.
Texto brillante, divertido, con sus enredos pícaros, sus líos de faldas y demás. Muy apropiado para esta compañía. Dirección alegre, con brío. Quizá pecando un poco de querer hacer un montaje no muy largo y metiendo demasiado ritmo a toda la obra, cuando incluso los bodeviles necesitan medir cada escena. Todo pasaba demasiado deprisa. Escenografía no muy atractiva según empieza, pero enseguida ves que es efectiva, útil y muy muy bien utilizada. Los toques de modernización cuelan y están bien. Los billetes de euro, el vestuario indefinido, el ascensor ese tan ingenioso que encima permite que al otro lado hagan un cambio de escenario sin que se note. Muy bien, todo correcto y efectivo.



Y lo que sí hay que remarcar es la grandísima calidad de los actores. Yo que soy un obseso de la palabra y de la voz, me quito el sombrero antes estos chicos que TODOS dicen el verso de maravilla, con una naturalidad brillante y sin ningún artificio. Y se les oye a todos muy bien. Gran trabajo de voz y de dicción. La calidad de ellos no es homogénea, hay alguno un poco malucho, y algún otro que tiene que lidiar con un personaje que le va por el forro, pero en general demuestran profesionalidad y una calidad aplastante e incontestable. Natalia Huarte es un diamante, Francisco Ortiz lo tiene todo, Julia Barceló es como una Joan Cusack con la gracia en el cuerpo. Con un papel menor, también sobresale Álvaro de Juan.   
Correctísima versión con una puesta en escena tan acertada como sencilla y unos actores que brillan por encima de todo.

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